martes, 16 de agosto de 2011

Edipo Rey

La historia que quiero contar ahora se desarrolla en la antigua Grecia, donde todo, y digo todo, era posible. Antes de nada quiero que sepáis que no pienso atribuirme el mérito de dicha historia. Sólo quiero contarla, resumir lo que Sófocles escribió en la que, seguramente, fuera su mejor obra. Quiero contaros la historia de Edipo, un héroe trágico.

"Edipo era el único heredero de los reyes de Tebas, Layo y Yocasta. Antes de su nacimiento se le había impuesto un cruel destino: asesinar a su padre y casarse con su propia madre. Para evitarlo sus padres decidieron deshacerse de él de la forma más cruel que, para mi gusto, existía en aquella época: la exposición. Dicho método consistía en abandonar al recién nacido a su suerte en el monte, donde, a menudo, los niños acababan muriendo de hambre, de frío o devorados por las fieras. Hubo ocasiones en las que estas criaturas conseguían sobrevivir, bien gracias a una hembra animal (como puede ser la loba que salvó a Rómulo y Remo) o porque algún pastor lo encontraba y decidía ocuparse de él. Como os podéis imaginar Edipo fue uno de esos niños salvados, porque sino no tendríamos historia. El pastor al que le encomendaron la tarea se apiadó de la pobre criatura indefensa y decidió entregarlo a un pastor del reino de Corintio. Éste, a su vez, se lo entregó a los reyes de Corinto, que ya eran mayores y no podían tener hijos. Así fue como, haciéndole pasar por hijo suyo, empieza la historia de nuestro héroe.
Cuando Edipo cumplió quince años tuvo dudas sobre la identidad de sus padres, así que decidió ir a consultar al oráculo de Delfos. Allí la pitonisa le reveló su terrible destino: estaba condenado a ser el autor de la muerte de su padre y, algún día, compartiría lecho con su madre. Horrorizado con lo que acababa de descubrir el joven decidió huir de Corinto encaminándose, ironías del destino, hacia el reino de Tebas, la patria de sus verdaderos padres. En un cruce de caminos, al borde de un precipicio, Edipo se encontró de frente con un orgulloso noble que viajaba a Delfos en un carro acompañado de sus esclavos. Como el camino era demasiado estrecho para que pasaran ambos, el arrogante personaje, confundiéndole con un peregrino, le pidió con soberbia que se apartase. Pero Edipo se negó, pues apartarse del camino significaba una muerte segura. El noble lanzó el carro contra Edipo y éste, sin perder un segundo, espantó a los caballos haciendo que el carro cayera por el precipicio y que tanto el noble como sus esclavos murieran.
Al llegar a Tebas se encontró con un terrible panorama: un horrible monstruo, la Esfinge, se había colocado en la única entrada del reino y a cuantos intentaban salir de ella, la Esfinge les planteaba un complicado acertijo y, si no lo resolvían, se los comía. Los habitantes de la ciudad ofrecieron el reino a aquel que fuera capaz de deshacerse del monstruo y Edipo, sin nada que perder, decidió tentar a la suerte. La Esfinge era un monstruo híbrido, con cuerpo y patas de león, alas de águila y torso y cabeza de mujer. Su enigma, aquel por el que se había comido a tantos inocentes, no era más que el famoso acertijo que nos han enseñado a todos de pequeños. Así pues la Esfinge le planteó a Edipo su pregunta: <<¿Cuál es el animal que tiene cuatro patas por la mañana, dos al mediodía y tres al anochecer, y que, cuantas más patas tiene, peor anda?>> Edipo, ni corto ni perezoso, dio con la respuesta acertada: el ser humano, que, en la mañana de su vida, cuando no es más que un bebé, anda a cuatro patas, erguido sobre dos en la madurez y apoyado en un bastón cuando le llega la vejez. Al oír la respuesta la Esfinge no tuvo más que suicidarse, pues, cuando alguien resolviera el acertijo, estaba condenada a morir. Los tebanos cumplieron con su palabra: proclamaron rey al joven desconocido casándole con la reina Yocasta, ya viuda, pues había noticias de que el antiguo rey había muerto. Así fue como, sin saberlo, Edipo se casó con, nada más y nada menos, que su propia madre.
Edipo y Yocasta fueron bastante felices y tuvieron cuatro hijos: dos gemelos, Esteocles y Polinices, y dos hijas, Antígona e Ismene. Desgraciadamente años después llegó una nueva plaga: la peste. Consultando el oráculo por la causa de dicha epidemia éste les respondió que los dioses estaban enojados porque en la ciudad aún vivía el asesino del antiguo rey, cuyo crimen no se llegó a resolver. Nuestro orgulloso protagonista decidió proclamarse de nuevo salvador del reino de Tebas e inició una investigación para descubrir al asesino de Layo, quien de antemano había sido condenado al destierro. Mandaron a confesar al único acompañante de Layo que volvió con vida y éste narró las circunstancias de la muerte del antiguo rey. Edipo descubrió con horror que Layo era aquel orgulloso noble con quien se cruzó de camino a Tebas y, por tanto, él era su asesino y el culpable de la peste. En ese momento llegó un mensajero de Corintio con la noticia de que sus ancianos "padres" habían muerto y que se le proclamaba heredero de la ciudad. Pero el mensajero también le informó que en realidad no eran sus verdaderos padres, pues él era el pastor que hace tantos años había entregado el niño a los reyes de Corinto. Edipo comprendió al fin que el oráculo se había cumplido. En el mismo momento en el que transcurrían los hechos se oyó un terrible grito dentro del palacio: su mujer (y a la vez madre) Yocasta, tras conocer la verdad, se había ahorcado con el cinturón de un lujoso vestido que le había regalado su esposo (e hijo). Destrozado, Edipo cogió los alfileres que sostenían los tirantes del vestido y se los clavó en los ojos, quedándose ciego. Pero además él mismo se había condenado al destierro.
Así fue como nuestro trágico héroe se convirtió en un pobre mendigo ciego como castigo por haber intentado oponerse a su destino."

No sé por qué me gusta tanto esta historia siendo una (o tal vez la más) triste de la literatura griega.
Tal vez sea por su moraleja: <<A menudo se encuentra el destino en los pasos que se dieron para evitarlo.>>
O tal vez por el hecho de que el detective es, a su vez, el propio asesino.
Puede que también sea por el lioso árbol genealógico al que están sometidos los hijos en el que (extrañamente) son, al mismo tiempo, hijos y nietos de su madre, e hijos y hermanos de su propio padre.
Pero creo que lo que más me gusta de la historia es que su trágico final no tiene nada que ver con los finales felices de los cuentos de hadas.

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