jueves, 25 de agosto de 2011

El amor

El amor. Algo tan absurdo pero con tanta determinación. Se suele acompañar de las palabras alegría, sinceridad, fidelidad, confianza, felicidad... Pero yo prefiero acompañarlo de las palabras dolor, miedo, inseguridad, rechazo... Es tan absurdo que llega sin avisar, incrustándose poco a poco en tu corazón sin que te des cuenta, tan absurdo que nunca sabrás por qué vino o qué es lo que tiene esa persona. Lo que sí que sabes es que, al mirarle, no ves su perfección (nadie es perfecto), ni sus mayores virtudes. No. Ves sus defectos y, paradógicamente, esos defectos le hacen especial, perfectamente imperfecto.
Pero también he dicho que el amor es determinante, tan determinante que es capaz de hacerte luchar para poder ganarte a esa persona, tan determinante que es capaz de romper una amistad o hacerte sufrir hasta que te acostumbras al vacío que sientes sin esa persona. Tan determinante que toma el mando de tu voluntad y de tu subconsciente, permitiéndote soñar.
Tan absurdamente doloroso que, la mayor parte de las veces, es un amor no correspondido.

1 comentario:

Opina lo que quieras, acepto críticas y la mayor parte de las veces las llevo a la práctica.
Si no te gusta no sé qué haces por aquí, y menos qué haces comentando.
Gracias por leerme.