martes, 23 de agosto de 2011

Historias

"Mi nombre es... ¿Carlos, Adrián, Javier, Guillermo, Juan, o tal vez fuera Daniel? No lo sé, no me acuerdo, me han llamado de tantas formas que ya he olvidado cual era mi nombre real. Pensaron que quitándome el nombre me harían olvidar quién era, que me arrebatarían mi voluntad. Pero no, se les olvidó lo más importante, lo que nadie podrá quitarme nunca: aún me quedan mis recuerdos. Es lo único que tengo, pero es lo que, aún hoy, después de todo el sufrimiento que me han causado durante estos años, hace que me levante cada mañana de la cama y me enfrente a ellos, con la esperanza de poder volver a casa algún día.
Con la esperanza de poder recuperar mi nombre."

Lo sé, os ha impresionado, ¿verdad? O tal vez no, ¿qué importa? En mi presentación se me olvidó añadir algo importante, algo muy importante, algo que me hace ser como soy y sin lo que ya no sería capaz de vivir: me encanta escribir, es posible que casi más que leer. No sé, es extraño, normalmente es más cómodo leer historias que han escrito otros, que no sabes cómo van a acabar. Pero os lo aseguro, cuando comienzas una historia, un relato corto o incluso un cuento, no sabes cómo va a terminar. Simplemente coges un bolígrafo y una hoja, o, si te parece menos aparatoso, te colocas delante del ordenador con un documento de Word, Open Office o lo que utilices abierto y comienzas a escribir. Escribe lo primero que se te venga a la mente, un empiece que ya hayas visto en algún sitio o algo que hayas estado un tiempo meditando. Pero escribe, sin pensar en lo que estás haciendo, haz volar tu imaginación y que ella haga el resto. Normalmente las buenas historias acaban viniendo con la práctica, pero las primeras historias escritas por alguien son más importantes: te dejan ver en su interior, conocerle de cerca, saber lo que piensa.

Un dicho muy famoso cita que los ojos son la ventana al alma, aunque yo creo que la verdadera ventana al alma es cuando una persona decide dejar volar su imaginación y escribir lo que se le antoje.

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