domingo, 11 de septiembre de 2011

En un día como hoy, hace diez años...

Era martes, lo recuerdo perfectamente.
Estaba dibujando en la mesa del salón con mi hermana, los pies no me llegaban al suelo.
Mi padre estaba en el sillón, tumbado, prácticamente dormido.
En la tele se veían las noticias. Hablaban de un atentado, de aviones, de dos torres caídas, de muchas víctimas... Yo apenas prestaba atención, no me gustaban las noticias. Siempre los mismos presentadores que nunca se reían ni hacían nada gracioso. Pero ese día estaban tristes, se les notaba en las caras. Una imagen se quedó grabada en mi cerebro y nunca fui capaz de sacarla. Aún hoy, ahí sigue, sin remedio.


Me pareció tan impactante que quise dibujarlo. No sabía bien que estaba pasando, sólo tenía 5 años.
Dos torres marrones, que ni siquiera eran iguales, y unos aviones estrellándose contra ellas.
No sé si aún guardo ese dibujo o lo tiré. Pero lo recuerdo como si lo hubiese dibujado ayer.

Esos son mis recuerdos. Pero hay otros, recuerdos en primera persona de gente que sobrevivió a aquella desgracia, de gente más cercana a ello o incluso de gente más madura que una niña de 5 años.


2983 muertos, más de 6000 heridos, millones de afectados...
Unos pocos supervivientes.




Se secuestraron 4 aviones, todos ellos vuelos comerciales. Poco después esos aviones fueron estrellados contra las torres, sin remedio. Los turistas habrían contratado un vuelo para disfrutar de unas deseadas vacaciones, de un puente, o tal vez quisieran ir a visitar a sus familias, ¿y qué obtuvieron? Muerte, una muerte cruel, aunque al menos fue rápida.
Pero no fue tan rápida para las personas que se encontraban en las torres. Los de los pisos bajos pudieron salvarse, al menos unos pocos. Pero, ¿y los de los pisos altos? Pensad en que esas torres tenían 110 pisos cada una, más o menos una altura de 415 metros. Presas del pánico muchos se tiraron, otros muchos nunca pudieron salir, muy pocos sobrevivieron a aquello. Y apuesto lo que sea a que hubieran preferido morir a tener esos recuerdos atosigándolos constantemente.

Se dice que el atentado estaba "profetizado" por Ibañez, el gran dibujante y creador de Mortadelo y Filemon: ya en 1993 se ve perfectamente en una tira cómica un avión estrellado contra una de las gemelas.


Ese día no solo cayeron las dos torres más famosas de New York, ni muchas familias perdieron a alguien, ni algunas personas tuvieron que acudir al psicólogo por ello...
No, ese día nos arrebataron a todos un trozo de inocencia, de ingenuidad...
Un trozo de infancia.

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