domingo, 2 de octubre de 2011

Flores de Sombra

Un jardín de flores negras.
Un reloj lunar.
Un misterioso chico enmascarado.
"Si quieres que no te olvide
haz algo que merezca la pena recordar."

Eso es lo único que se puede leer en la contraportada de Flores de Sombra, la última novela de Sofía Rhei; una historia de lo más variopinta que, si lo hubiese sabido, en vez de regalárselo a una de mis mejores amigas me lo hubiera quedado yo :)

Justo en el verano en el que tiene que cumplir 17 años, Hazel es arrastrada por su madre a un pueblo perdido de la mano de Dios... No pensemos mal de su madre, no es un monstruo, es una pobre mujer a la que su marido ha abandonado por su secretaria y, sin apenas dinero, ha tenido que buscar un lugar donde pudieran vivir más barato, es decir, la destartalada y abandonada casa que han heredado de tía Violet (que tuvo que mudarse más cerca del pub donde trabaja debido a su edad) y que no está, digamos, muy cerca del pueblo.

Umberfiel, también conocido por la protagonista como El Quinto Infierno, es un pueblo propio del antiguo Oeste, con sus casas de madera, sus caminos de tierra y, si le echáis un poco de imaginación, hasta una planta rodadora de esas que salen en las películas del Oeste. Osea, nada del otro mundo.
Allí la vida social de Hazel se ve reducida a cero, así como el entretenimiento y todo lo que pudiera implicar amigos y diversión, es decir, todo. La única solución que queda es el pub de tía Violet, que no es la mejor opción. Paseando por el pueblo encuentra un rinconcito en el que toda la decoración parece estar hecha a mano, incluyendo los pasteles que lucen en el escaparate. Allí conoce a Poppy, una chica que tiene la extraña manía de hacer pasteles con no uno, ni tres, sino dos ingredientes y cuyo secreto más guardado es su sueño de la infancia de ser artista de circo, más exactamente equilibrista. Con ella y el chico de la ventana, mejor dicho el hijo del alcalde, comienzan a investigar sobre la Casa de la Bruja, como se conoce a la casa de la familia de Hazel.

Justo el día en el que cumple 17 años, la adolescente recibe un regalo para nada esperado. ¿Se puede perder en un mismo día una mejor amiga y un novio? Eso mismo se plantea Hazel mientras pinta toda su habitación de negro, sin tener piedad por ningún mueble, libro u objeto. Pero algo aún más extraño pasa ese día: el jardín de su casa se transforma en un siniestro jardín de flores negras, con un misterioso reloj cuyas doce plantas florecen una a cada hora de la noche. Para colmo, como si no hubiera recibido regalos extraños ese día, encuentra una bolsa de terciopelo llena de, nada más y nada menos, que lentejas.

"Huele el perfume de la tercera flor mientras tocas la cuarta y la sexta, parpadea tres veces y mira a la luna mientras piensas en alguien a quien eches mucho de menos."


Esas son las instrucciones para llegar a Feeria, un lugar donde nada es lo que parece y la mayor parte de sus habitantes tienen como objetivo personal destruirse a sí mismos, aunque ello signifique hacer daño a los demás. Aunque no todos los habitantes de ese extraño lugar tienen por qué ser así, también puedes encontrar animales parlantes o a un misterioso chico enmascarado. Y aún mejor, ¡puedes comprar lo que sea con simples lentejas!
¿Se puede llegar a un lugar así sólo por casualidad? ¿Por qué un hurón parlante parece saber más sobre todas las cosas que la propia Hazel? ¿Y por qué el chico misterioso tiene una voz tan profunda e irresistible como el mismo Universo?
Peor aún,
¿qué harías si el equilibrio entre dos mundos dependiera de ti?

Bueno chicos, ahora que estáis metidos en la historia, creo que lo mejor sería terminar de leerla, ¿o no? :)

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