miércoles, 14 de diciembre de 2011

El esqueleto de una infancia perdida

"¿Dónde demonios estoy? ¿Qué es toda esta niebla? ¡Espera! Se está disipando, haciéndose menos espesa, perdiendo consistencia. Ahora veo mejor.

Estoy en medio de un parque, de pie sobre la arena, entre un tobogán rojo de madera vieja y unos columpios que rechinan de una manera espeluznante.
Ñiun, ñaun, ñiun, ñaun...
Un niño pequeño se columpia, ríe, está contento. Otros dos juegan en la arena, cerca de mí, felices de estar juntos.
Ninguno se ha percatado de mi presencia, como si fuera común aparecer de repente en medio de un lugar lleno de gente.

Otro niño viene corriendo y se sube al tobogán. Por acto reflejo me acerco a él y le aviso de que se va a hacer daño, que la tabla está rota. Pero, por más que grito, nadie me oye, ni siquiera yo misma. Comienzo a saltar y a mover las manos como loca, pero tampoco me ve. Corro hacia allí, intentando agarrarle para que no baje. Mi mano pasa a través de él, atravesándole, convirtiéndole en humo. Miro a mi alrededor preguntándome qué ha pasado y veo como los otros niños también se han convertido en humo. La niebla vuelve a caer sobre mí, pero no puede evitar que vea ese parque vacío.

El esqueleto de una infancia perdida."

martes, 13 de diciembre de 2011

Volar

Volar. 
Sí, quiero volar. 
Alejarme de la realidad, de mis problemas, de todo. 
No, espera, de todo no. 
Pero quiero escapar. Llegar a un lugar donde pueda descansar, pensar a gusto, sin que nadie me moleste. Llegar a alguna conclusión en aquellas cosas en las que sigo pensando sin saber cómo continuar, qué hacer. 

Deseo volar junto a aquel pajarito que salió volando del árbol junto al que estaba sentada esta mañana, abriendo mis alas, escapando con él, huyendo a dónde sea que me lleve. Volaré junto a él, aunque sea sólo en mi imaginación. Deseo ser él, deseo no tener nada de que preocuparme. 
Sólo quiero eso, poder volar. Como quieren todos, todos lo deseamos. Algunos en silencio, otros lo gritan a los cuatro vientos. Pero todos queremos lo mismo:

LA LIBERTAD

Porque por mucho que nos digan que somos libres, no es verdad, estamos atrapados, aquí, en la Tierra., en la sociedad, en nuestra propia cabeza. 
Queremos vivir un mundo que no existe. 

Nos dicen que ya no estamos atrapados en nuestro planeta, que podemos salir cuando queramos al Espacio, como hacen los astronautas. Pero seamos realistas: ¿lo haremos algún día? ¿Seremos capaces de coger una nave espacial y salir huyendo de este infierno al que llamamos hogar? 
No. 
Estamos atrapados. 

No puedes ni salir de la ciudad sin tener que pagar un dineral. Todo se basa en el dinero. 
¿Y quién sabe cuánto nos podrá costar un viaje espacial, si es que llega a producirse? 
Millones. Muchos millones. 
¿Y son ellos los que nos dicen que somos libres, aquellos que ponen el precio de las cosas y luego te mienten? 
Sí, son ellos. 
Te mienten diciendo que lo único que debes hacer para ser feliz es estudiar, trabajar, tener una familia, perseguir un sueño que todos sabemos que es prácticamente imposible. 

Yo sólo deseo que todo esto cambie, de verdad, no sólo aparentemente. 
Deseo que los que pongan las leyes también tengan que cumplirlas, y que si cometes un delito grave no puedas salir inmune gracias a una cuenta en un paraíso fiscal, a un maletín lleno de dinero ni a un maldito título que todos deben respetar. 
No.
Si incumples las normas atente a las consecuencias. Si  has creado una ley es para que  seas el primero en cumplirla. 
Sí, éste es mi deseo imposible de año nuevo: ser libre. Libre en todos los sentidos: 
Hacer algo porque me guste hacerlo, no porque me obliguen. Estar con quien quiera y cuando quiera. Poder salir a las cuatro de la mañana a la calle sin que ningún ladrón me robe y sin que ningún hijo de puta quién sabe quién me intente violar. Realmente, hacer lo que me venga en gana.
Quiero ser la dueña de mi pasado, de mi presente y de mi futuro. Quiero ser yo misma. Y, sobre todo, quiero volar. O, al menos, poder lanzarme en paracaídas, saltar al vacío con una cuerda o conducir a toda velocidad con una moto. 

Quiero sentir la libertad con todos mis sentidos.







ATENCIÓN:
Esta es mi opinión, no tiene por qué ser la vuestra ni nada de eso. Simplemente necesitaba soltar cómo me siento. 
Si alguien se siente ofendido, lo siento. No quiero insultos ni acusaciones. Yo respeto vuestra opinión, respetar vosotros la mía.
Gracias.

¿Y todo por qué?

"Haría casi cualquier cosa por no volverle a ver.

Podría fingir una serie de acosos y que mis padres me cambiaran de instituto.
Podría rogarles que nos mudáramos a otra ciudad, lejos de todo, y empezar de nuevo.
Podría coger un cúter y rasgarme el brazo, pero soy demasiado cobarde como para intentarlo.
También podría tomarme unas pastillas, tumbarme en la cama y descansar para siempre; pero en la mayoría de los casos acabas muriendo en el baño ahogado en tu propio vómito, y eso es asqueroso.
Otra cosa sería tirarme al río o colgarme de una cuerda, pero dicen que la muerte por asfixia es larga y angustiosa; y yo quiero que sea algo rápido, sin dolor, porque soy demasiado cobarde como para hacerme daño a mi misma.
La última opción que me queda es lanzarme al vacío desde un puente, pero no quiero causar problemas de limpieza a la comunidad... Debe ser muy asqueroso encontrarte un cuerpo ya medio deshecho por el impacto cuando estás conduciendo y, además, la marca de sangre es de por vida. 
Creo que mejor rechazo el plan del suicidio.

También podría echarme a volar como un pájaro, que me dieran la capacidad de abrir mis alas y huir a cambio de no bajar nunca a la tierra, de quedarme en las copas más altas de los árboles, de comer lo que tenga a mano. 
Así podría huir de todo lo que me atormenta, dejaría de ser una persona con preocupaciones y pasaría a ser un animal con la única preocupación de comer, beber, sobrevivir.

O podría encontrar a un duendecillo que me ofreciera la posibilidad de volver atrás en el tiempo para remendar mis errores, para elegir no haberle conocido, no haberme enamorado de él. Me haría firmar un contrato en el que el precio sería un trozo de mi alma, condenándola al Infierno y quitándome una parte de mí misma. 


¡Para, para! Creo que estás empezando a desvariar...



¿Y todo esto por qué? 
¿Por una mirada que me hipnotizó desde un primer momento? ¿Por una sonrisa preciosa? 
¿Por un te quiero que acabó con un me das asco
¿Por un nunca más que debió ser un para siempre?
¿O por un chico al que nunca debí dejar que entrase en mi vida, que revolviera mis sentimientos y que me lo quitara todo, para luego tirarme a la basura como una más?"


domingo, 11 de diciembre de 2011

Almas Gemelas



En primer lugar, Elizabeth Chandler es un seudónimo, aunque no lo parezca. La autora en sí se llama Mary Claire Helldorfer y sólo sé que es estadounidense, que ha escrito algún cuento infantil, alguna biografía y, sobre todo, literatura romántica y suspense. No hay apenas datos sobre su vida, así que no puedo deciros más.

 Aquí la tenemos. Sí, yo también me la imaginaba más joven y tal...  ¿Qué se le va a hacer? La mujer escribe bien, y eso es lo que importa.

A lo que iba. Almas gemelas, también conocida como La Trilogía de Culto (y no, no es la de Millenium) consta de nada más y nada menos que... 
Chan chan chan...
¡Tres libros! Qué raro, por algo se llama trilogía y no bilogía o tetralogía.

Bromas aparte. Los tres libros se han traducido al español en un solo tomo de 620 páginas. Es posible que el que no esté acostumbrado a leer piense que que una exageración, pero engancha y, si os soy sincera, se me ha hecho corto.

Venga, que ya toca. Voy a separaros el argumento en los tres libros, así se me hace más sencillo:


El beso de un ángel


En este primer libro se cuenta como Ivy, una adolescente tranquila y responsable, se muda a Stonehill con su madre y su hermano pequeño, Philip. Los hermanos, huérfanos de figura paterna, están acostumbrados a la mediocridad y a la soledad que les produce carecer de padre y, en ocasiones, de madre, ya que siempre andaba con algún novio. 

Ivy y Philip tienen cierta afición a la música, a los ángeles y a Ella, su gata. La primera en empezar a creer en los ángeles fue Ivy, quien estuvo a punto de morir ahogada cuando era pequeña por culpa de un novio de su madre y un ángel la salvó. Desde ese momento empezó a creer en ellos, sobre todo en su ángel de agua. Pero también desde ese momento le tuvo pánico al agua.

La madre de Ivy se casa con uno de los personajes más importantes de la ciudad, que vive en una mansión y a quien le sale el dinero por las orejas, aunque rápidamente les coge cariño a sus hijastros, casi tanto como el que le tiene a su propio hijo, Gregory.

Cuando llega nueva al instituto, Ivy hace un pequeño grupo de amigas, Suzanne y Beth. A la primera sólo le interesa la moda, los chicos y el hermanastro de Ivy. La segunda vive única y exclusivamente para sus relatos y siempre va cargada con un cuaderno y un lápiz.

Aunque también conoce a Tristán, uno de los chicos más populares del instituto, capitán del equipo de natación y campeón del estilo mariposa. Cuando se conocen Tristán está jugando con el hermano pequeño de Ivy durante el banquete de la boda. Ivy lleva un pomposo vestido rosa, Tristán, un frac y gambas en la nariz. A decir verdad, no es un encuentro muy romántico, pero, para compensárselo, Tristán salva a Ivy de caer al agua desde un trampolín y se ofrece a enseñarla a nadar. Eso, junto con que adopta a Ella, (a quien no quieren en casa de Ivy por haber "estropeado" una silla de cuero), es como empieza su amor.

En el resto del libro se narra una historia de amor pegajosa y demasiado azucarada para mi gusto, y acaba con un "accidente" de coche, en el que muere Tristán.


El poder del amor


Tras la muerte de Tristán, Ivy deja de creer en ángeles porque, según ella, si existieran no se hubieran llevado a Tristán. Lo malo es que Tristán, al morir, es nombrado ángel.

En su forma angelical Tristán conoce a Lacey, una ex-actriz que murió en un accidente de avión y que carece de tumba. Lacey es una muchacha que lleva el pelo de punta y las uñas puntiagudas, ambas cosas pintadas de morado. Le gusta llamar la atención, comentar los funerales y gastar alguna que otra bromita. Al ser la única "persona" con la que puede hablar, Tristán se acopla a Lacey y empiezan una amistad, al principio interesada. Tristán quiere demostrarle a Ivy que la quiere, Lacey quiere ganar puntos ayudando a Tristán para terminar su misión.

Mientras tanto, Ivy se refugia en su hermanastro, Gregory, quien había perdido hacía poco a su madre, (que se había suicidado), y la entendía perfectamente. Al dejar de creer, Ivy le regala a su hermano sus figuritas de ángeles con la condición de que nunca más le hablase de ellos. Pero los ángeles, es decir, Tristán y Lacey, les rondan. Philip ve una luz alrededor de ellos, Beth escribe cosas raras que ella no ha pensado y Will, un amigo de Gregory, dibuja ángeles.

El resto de la trama de esta segunda parte narra los intentos fallidos de Tristán por comunicarse con Ivy, el acercamiento de ésta a Gregory, y de los descubrimientos de Tristán alrededor del "accidente". Tristán descubre que posiblemente no fue un accidente y que Gregory tuvo algo que ver, pero no puede contarselo a Ivy porque ella no lo escucha.


Almas Gemelas


La última parte de la trilogía comienza con el "intento de suicidio" de Ivy. A causa de todo esto comienza de nuevo a creer poco a poco en ángeles, lo cual Tristán aprovecha para comunicarse con ella. Ivy se aparta de Gregory y se acerca más a Will. 
En esta última parte se producen demasiadas cosas extrañas:

    Eric, el mejor amigo de Gregory, muere de sobredosis.

    Ella aparece ahorcada.

    Philip desaparece.

Y mientras, Gregory se va convirtiendo en un personaje oscuro y sin sentimientos, con una actitud mecánica y muy poco pasional.


Conclusión final

Para empezar, que conste que no lo considero ni mucho menos uno de los mejores libros que he leído, pero, al mezclar amor y fantasía con misterio y suspense, pierde un poco de la cursilería inicial, y eso le hace ganar puntos. 
Y que se sepa que esta es la primera vez que me leo una trilogía entera de seguido, pero ha merecido la pena.

Os la recomiendo, sobre todo si no le tenéis mucho cariño a la literatura juvenil romántica o estáis cansados de que siempre traten de lo mismo.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Oscuridad sin sueño

" - Cinco minutos más...
Noto como me sacuden de nuevo.
- Venga, mamá, cinco minutitos más - repito sin abrir aún los ojos. La voz se me entrecorta en un bostezo.

Un poco más despejado palpo en busca de la manta, pero, en vez de eso, sólo encuentro suelo, duro, frío...
Y ceniza.

Abro los ojos de repente, asustado. El sol me ciega e, instintivamente, los cierro. Vuelvo a abrirlos mientras me incorporo rápidamente. Ahora consigo ver algo más, no mucho, pero algo es algo.
Estoy en medio de montones y montones de enormes piedras que, seguramente, se habrán derrumbado de la montaña más cercana. Miro en derredor a mí, acostumbrándome lentamente a la luz.

¿Dónde estoy? 

No reconozco nada, no hay nada que me indique dónde estoy. Levanto la vista en busca de algún árbol, rama, estrella, cielo mismo, que me pueda dar alguna pista sobre mi situación, qué estoy haciendo aquí, qué es lo que ha pasado...
Pero no encuentro nada.

Me llevo una mano a la cabeza y me aparto el pelo de los ojos para ver mejor. Cuando la retiro me doy cuenta de que está mojada, con algo pegajoso. La miro detenidamente y lo veo:

Sangre. Roja, oscura, manchada.

Vuelvo a palparme la cabeza y noto dolor en el lugar exacto del que brota esa sangre.
Decido comprobar si he sufrido algún otro daño. Mi mente comienza a funcionar con normalidad mientras muevo lentamente los dedos de la mano izquierda, los de la derecha, las muñecas...

¡Ay! 

Creo que tengo un esguince en la muñeca derecha.
Continuo. Sigo moviendo poco a poco los brazos, los codos, los hombros... Un ligero dolor me recorre el brazo derecho, desde el hombro hasta la muñeca. Supongo que me apoyé sobre él cuando caí, no sé cuándo, ni cómo, ni porqué.

Me levanto despacio para comprobar el estado de mis piernas. Empiezo con la izquierda, la apoyo con cuidado. Parece que está bien, la tengo un poco dormida, pero eso es normal.
Seguidamente decido apoyar la pierna derecha...
Y me caigo.

Duele.

Ya en el suelo me palpo la pierna y noto como si estuviera deshecha, astillada. Como si una de esas enormes piedras me hubiera pasado por encima.

Decido no volver a levantarme, por si acaso. Debería esperar a que llegase algún equipo de rescate, si es que llega.

De pronto, oigo un ruido de pisadas a mi izquierda y giro la cabeza rápidamente. Un calambrazo me atraviesa el cerebro de lado a lado y, justo en ese momento, mi mente desconecta de nuevo, dirigiéndose otra vez a ese mundo de oscuridad sin sueños del que he venido."