miércoles, 14 de diciembre de 2011

El esqueleto de una infancia perdida

"¿Dónde demonios estoy? ¿Qué es toda esta niebla? ¡Espera! Se está disipando, haciéndose menos espesa, perdiendo consistencia. Ahora veo mejor.

Estoy en medio de un parque, de pie sobre la arena, entre un tobogán rojo de madera vieja y unos columpios que rechinan de una manera espeluznante.
Ñiun, ñaun, ñiun, ñaun...
Un niño pequeño se columpia, ríe, está contento. Otros dos juegan en la arena, cerca de mí, felices de estar juntos.
Ninguno se ha percatado de mi presencia, como si fuera común aparecer de repente en medio de un lugar lleno de gente.

Otro niño viene corriendo y se sube al tobogán. Por acto reflejo me acerco a él y le aviso de que se va a hacer daño, que la tabla está rota. Pero, por más que grito, nadie me oye, ni siquiera yo misma. Comienzo a saltar y a mover las manos como loca, pero tampoco me ve. Corro hacia allí, intentando agarrarle para que no baje. Mi mano pasa a través de él, atravesándole, convirtiéndole en humo. Miro a mi alrededor preguntándome qué ha pasado y veo como los otros niños también se han convertido en humo. La niebla vuelve a caer sobre mí, pero no puede evitar que vea ese parque vacío.

El esqueleto de una infancia perdida."

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