jueves, 1 de diciembre de 2011

Oscuridad sin sueño

" - Cinco minutos más...
Noto como me sacuden de nuevo.
- Venga, mamá, cinco minutitos más - repito sin abrir aún los ojos. La voz se me entrecorta en un bostezo.

Un poco más despejado palpo en busca de la manta, pero, en vez de eso, sólo encuentro suelo, duro, frío...
Y ceniza.

Abro los ojos de repente, asustado. El sol me ciega e, instintivamente, los cierro. Vuelvo a abrirlos mientras me incorporo rápidamente. Ahora consigo ver algo más, no mucho, pero algo es algo.
Estoy en medio de montones y montones de enormes piedras que, seguramente, se habrán derrumbado de la montaña más cercana. Miro en derredor a mí, acostumbrándome lentamente a la luz.

¿Dónde estoy? 

No reconozco nada, no hay nada que me indique dónde estoy. Levanto la vista en busca de algún árbol, rama, estrella, cielo mismo, que me pueda dar alguna pista sobre mi situación, qué estoy haciendo aquí, qué es lo que ha pasado...
Pero no encuentro nada.

Me llevo una mano a la cabeza y me aparto el pelo de los ojos para ver mejor. Cuando la retiro me doy cuenta de que está mojada, con algo pegajoso. La miro detenidamente y lo veo:

Sangre. Roja, oscura, manchada.

Vuelvo a palparme la cabeza y noto dolor en el lugar exacto del que brota esa sangre.
Decido comprobar si he sufrido algún otro daño. Mi mente comienza a funcionar con normalidad mientras muevo lentamente los dedos de la mano izquierda, los de la derecha, las muñecas...

¡Ay! 

Creo que tengo un esguince en la muñeca derecha.
Continuo. Sigo moviendo poco a poco los brazos, los codos, los hombros... Un ligero dolor me recorre el brazo derecho, desde el hombro hasta la muñeca. Supongo que me apoyé sobre él cuando caí, no sé cuándo, ni cómo, ni porqué.

Me levanto despacio para comprobar el estado de mis piernas. Empiezo con la izquierda, la apoyo con cuidado. Parece que está bien, la tengo un poco dormida, pero eso es normal.
Seguidamente decido apoyar la pierna derecha...
Y me caigo.

Duele.

Ya en el suelo me palpo la pierna y noto como si estuviera deshecha, astillada. Como si una de esas enormes piedras me hubiera pasado por encima.

Decido no volver a levantarme, por si acaso. Debería esperar a que llegase algún equipo de rescate, si es que llega.

De pronto, oigo un ruido de pisadas a mi izquierda y giro la cabeza rápidamente. Un calambrazo me atraviesa el cerebro de lado a lado y, justo en ese momento, mi mente desconecta de nuevo, dirigiéndose otra vez a ese mundo de oscuridad sin sueños del que he venido."

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