miércoles, 18 de enero de 2012

Nieva

Subo al autobús y, tras pagar mi billete, me acomodo en mi lugar favorito: el asiento del lado de la ventana, a la derecha, antes del dobléz que le da nombre de "gusano". El cristal está empañado así que tengo que pasar la mano para limpiarlo. El contacto me pone la piel de gallina, el frío atraviesa el cristal. Me ajusto los guantes y la bufanda y me acurruco dentro del abrigo. Parece que no voy a poder huir del frío ni escondida en el autobús.
Me asomo por fin al exterior por el hueco que he podido conseguir limpiando el vaho. Todo está helado, como si, literalmente, el invierno hubiera pasado con su manto blanco. Los árboles se doblegan bajo el peso de la nieve sobre sus hojas, las farolas pierden luz bajo la nieve que se acumula sobre ellas, los tejados se pintan de blanco...
Miro el reloj del móvil: llego tarde, muy tarde, pero no me importa. Vuelvo la vista de nuevo hacia la ventana.
Los coches han sufrido un tunning precipitado con pintura blanca, sus capos y sus parabrisas se han convertido en lienzos improvisados en los que niños y jóvenes aprovechan para escribir y dibujar cosas grotescas y malsonantes. Sonrío. Recuerdo que yo de pequeña hacía lo mismo.
Hace un buen rato que dejó de nevar, pero el espíritu de esos pequeños copos blancos aún flota en el ambiente.

viernes, 13 de enero de 2012

Olvido

Miro fijamente la figura que se refleja en el espejo y comienzo a analizar sus rasgos. Lo que antes era un rostro lleno de color es ahora una tez blanca, tanto como la leche. Podría ser bonito, pero no, no es el típico blanco-princesa, no. Es un pálido ojeroso, sin esa forma redondeada tan graciosa. Los rasgos se han afilado, dando paso a líneas rectas donde antes había curvas. Ahora parecen más fríos, más frágiles, más débiles. Veo dos surcos donde antes había dos graciosas mejillas sonrojadas. Lo toco, palpando todas las líneas, todos los surcos, todas las grietas que se han formado en la piel. Sigo analizando ese rostro tan desconocido para mí. Ahora encuentro unos ojos apagados donde antes estaban unos enormes ojos de color chocolate llenos de vitalidad y, donde solía haber una sonrisa alegre me encuentro una sonrisa rota, una alegría inexistente. Sigo palpándolo, como si no pudiera creer lo que veo. Cojo aire y lo expulso lentamente, preparándome para lo que voy a ver a continuación. Me aparto lentamente del espejo, pudiendo ver la figura entera. Bajo una ropa exageradamente grande consigo ver una figura cansada, extremadamente delgada, como si cada extremidad fuera un palillo. Le cuesta horrores mantenerse en pie. La figura se apoya en el lavabo, recuperándose del esfuerzo que le ha supuesto estar ante el espejo tanto tiempo. Levanto la vista para enfrentarme a esa maraña de rizos. Ese "estropajo" era antes un cabello lleno de vitalidad con unos delicados rizos color miel, pero ahora no tiene nada de lo que era antaño.
¿Cuánto tiempo a pasado desde aquello? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que no me miro al espejo, ni me peso, ni cuido mi imagen? Ya ni me acuerdo. Pienso en todo lo que pasó antes de que ocurriera esto, pero no recuerdo nada. Lo he olvidado, TODO, sin remedio.
Quizás haya funcionado, quizás ya no vuelva a tener pesadillas sobre aquello, quizás algún día pueda devolverle a mi vida su normalidad. Quizás.

Trato de recordar mi nombre, ¿cómo me llamo? ¿Te acuerdas tú? ¿O tú? No, nadie lo recuerda, ni yo ni nadie. He caído en el olvido para todos, pero ellos también han caído por el agujero negro de mi memoria.
Vuelvo a mirar el reflejo y trato de conectar de nuevo mi imagen con mi alma, de recuperar mi voluntad. Por ahora me tendré que inventar un nombre hasta que alguien me recuerde el mío. Sí, me llamaré Ada.
Vuelvo a mirar al espejo, sonriendo por primera vez en muchos años. El color empieza a volver a mis mejillas.
- Bienvenida, Ada - mi voz suena rota, pero no me importa. Es mía, sólo mía, y de nadie más.
Nadie me arrebatará nada nunca más. Mi alma ha vuelto a su sitio, he recuperado mi voluntad.
Sonrío al espejo y rompo a reír.

Por primera vez en mi vida estoy contenta conmigo misma.





lunes, 2 de enero de 2012

Bienvenido a mi vida

¿Alguna vez has sentido que te derrumbas? ¿Alguna vez te has sentido fuera de lugar, como si, de alguna manera, no encajaras?, ¿y sin que nadie te comprenda? ¿Alguna vez quisiste salir corriendo, encerrarte en tu cuarto, con la música a todo volumen, para que nadie te oyera gritar?
No, tú no sabes cómo se siente cuando nada te sale bien. No sabes lo que es ser como yo.

Ser herida, sentirse perdida, ser abandonada en la oscuridad. Ser echada cuando estás deprimida, sentir como te amenazan, estar a punto de quebrarte y que no haya nadie para salvarte.
No, tú no sabes lo que es.

¿Deseas ser otra persona? ¿Estás cansado de sentirte rechazado? ¿Desesperado por encontrar algo más antes de que termine tu vida? ¿Atrapado dentro de un mundo que odias? ¿Cansado de todo tu alrededor?, ¿de sus enormes sonrisas falsas y sus estúpidas mentiras, cuando por dentro estás sangrando?
No, tú no sabes cómo se siente cuando nada te sale bien.

Nunca nadie te ha mentido directamente a la cara, y nunca nadie te ha apuñalado por la espalda.
Tú quizás pienses que soy feliz, pero no estoy bien.

Siempre te han dado todo lo que tú quieres, nunca tuviste que trabajar, te lo daban todo hecho.

Ser herida, sentirse perdida, ser abandonada en la oscuridad. Ser echada cuando estás deprimida, sentir como te amenazan, estar a punto de quebrarte y que no haya nadie para salvarte.
No, tú no sabes lo que es.

Bienvenido a mi vida.