viernes, 3 de febrero de 2012

Estrés

Golpeo la pared con el puño. A pesar del dolor que me causa en los nudillos sigo golpeando la pared con los puños, una y otra vez. ¿Me los habré roto? Seguramente, pero, ¿qué importa ahora? No puedo más, todo me supera, no puego seguir así. Grito, me desgarro la voz, pero nadie me escucha, nadie me oye, la música amortigua el ruido. Me taladra los oidos, no me deja oir ni mis propios gritos, ni pensar... pensar... ¡¿Qué más daba?! ¡¡No quiero pensar!! Golpeo de nuevo la pared, con fuerzas renovadas, y dejo un pequeño reguero de sangre, pero no me preocupa. Entre grito y grito noto el sabor salado de las lágrimas en los labios, pero no malgasto el tiempo en secármelas. Acompaño los puñetazos y los gritos con patadas que sufren los peluches que arrojé antes contra las paredes. Los objetos que había antes cuidadosamente ordenados sobre los muebles están ahora deperdigados por el suelo, acompañando a los peluches amontonados. Los libros que estaba ojeando hacía tan solo unos minutos han sido arrojados con rabia contra el armario y ahora yacen abiertos y arrugados en un montón de la esquina.
¡¡NO PUEDO MÁS!! - grito - ¡¡¡TODO ME SUPERA!!! ¡NO PUEDO CONVIVIR CON ESTO SIN VOLVERME LOCA! - se me quiebra la voz en un sollozo y en ese momento caigo al suelo, perdida, a punto de perder el conocimiento.
Ahora mismo nada ni nadie puede ayudarme, es una lucha conmigo misma, con mi cabeza, solas, ella y yo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Opina lo que quieras, acepto críticas y la mayor parte de las veces las llevo a la práctica.
Si no te gusta no sé qué haces por aquí, y menos qué haces comentando.
Gracias por leerme.