miércoles, 29 de febrero de 2012

Lienzo invernal

Me tumbo en un banco con las manos apoyadas detrás de mí como si fueran un respaldo. Miro hacia arriba: las copas de los árboles dibujan siluetas esqueléticas sobre el cielo todavía invernal de finales de Febrero. En realidad, todo el parque está desnudo, como apagado. Las pocas hojas que aún no se han llevado se pasean por el suelo al compás de esa nana que susurra el viento.
Cierro los ojos y la helada brisa del invierno me recorre suavemente el rostro. Un escalofrío se me sube por la espalda y me arrebujo dentro del abrigo. Tengo frío, pero no importa. Me noto la cara congelada y siento que los labios se me agrietan. No me importa. Prefiero estar aquí tumbada pasando frío a estar delante de una hoguera, calentita, comiendo nubes asadas. La verdad es que es frío me reconforta, siento que me despeja las ideas, aunque en algunos momentos las congele.
Comienzo a incorporarme poco a poco, mis brazos protestan por el esfuerzo de haber estado tanto tiempo soportando mi peso. Apoyo los pies sobre el suelo y me levanto. Mis piernas se dirigen solas hacia casa, aunque mi cabeza se encuentre en otra parte.

Mientras camino, las conclusiones que he obtenido al mirar al infinito a través de ese lienzo invernal comienzan a acudir a mi mente, llenándola de soluciones a todos esos problemas de los que antes no veía salida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Opina lo que quieras, acepto críticas y la mayor parte de las veces las llevo a la práctica.
Si no te gusta no sé qué haces por aquí, y menos qué haces comentando.
Gracias por leerme.