domingo, 26 de febrero de 2012

Reflexiones sobre el suicidio

<< [...] Cien veces quise matarme, pero todavía amaba la vida. Esta debilidad ridícula es quizá una de nuestras más funestas inclinaciones: pues ¿hay algo más necio que el querer llevar continuamente un fardo que continuamente se quiere tirar al suelo?, ¿tener a su ser en horror, y tener apego a su ser?, ¿acariciar al fin a la serpiente que nos devora hasta que nos haya comido el corazón?
He visto en los países que el destino me ha hecho recorrer, y en las tabernas en las que he servido, a un número prodigioso de personas que aborrecían su existencia; pero no he visto más que a doce que pusieran voluntariamente fin a su miseria.
[...] En fin, señorita, tengo experiencia, conozco el mundo, concedeos un placer, invitad a cada pasajero a contaros su historia, y si no hay uno solo que no haya a menudo maldecido de su vida, y que no se haya dicho a sí mismo que era el más desgraciado de los hombres, tiradme al mar de cabeza. >>

- Cándido o El Optimismo, Voltaire -

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