jueves, 16 de febrero de 2012

Una descripción cualquiera...

Se mira las botas con nerviosismo. Se siente cohibida, aunque no tendría por qué hacerlo. El pelo negro y liso le cae en largas cascadas sobre la cara, ocultándole el rostro. Una mano temblorosa lo aparta y lo coloca detrás de la oreja cuando siente que se le empieza a meter en los ojos. Esos ojos quedan de pronto al descubierto, una pupila inquieta se mueve sobre un iris de color verde esperanza, intentando no posarse en ningún sitio concreto. Fija de nuevo la vista en sus pies e, instintivamente, hace chocar los talones de sus botas varias veces, como si eso fuera a conseguir hacerla desaparecer. Un leve rubor asciende por su rostro bronceado, instalándose en unas mejillas un poco abultadas. Con un gesto nervioso comienza a morderse el labio. Levanta de nuevo la cabeza y, tras un rápido vistazo, vuelve a bajarla con decisión. Un ligero tintineo se instala en la habitación y ella se lleva una mano al cuello con rapidez, envolviendo con ella un pequeño colgante en forma de media luna. El pelo vuelve a caérsele sobre la cara, pero ya no se lo aparta. Se queda ahí, quieta, con una mano en el colgante y con la vista fija en sus botas negras, que sigue chocando entre sí con nerviosismo.

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