viernes, 9 de marzo de 2012

Pesadilla

Hoy, mejor dicho, anoche, volví a tener el mismo sueño. 
Iba caminando por el bosque, un bosque extraño y acogedor, lleno de ruinas de lo que habían sido grandes monumentos celtas, recuerdos de una civilización antigua, incontables generaciones atrás. Había recorrido tantas veces aquel bosque que reconocía cada árbol, cada rama, cada piedra del camino, cada ruina. Mientras caminaba me inundaba una sensación de paz y tranquilidad asombrosas, pero en el momento en el que me detenía aparecían sombras por todas partes, entre los árboles, en una rama. Unos ojos aterradores me observaban desde la espesura, una niebla cegadora inundaba todo lo que encontraba a su paso. 
En el sueño siempre llegaba al pie de un enorme árbol y me detenía. No seguía, me despertaba aterrada por mis sombras, por mis miedos. 
Pero anoche me asomé tras aquel árbol y lo que vi me dejó de piedra, sin fuerzas para moverme: una sábana blanca colgaba de un arco, un grupo de personas pasaban a través de él.
Muertos.

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