domingo, 29 de abril de 2012

Niebla

¿Dónde demonios estoy? ¿Qué es toda esta niebla? ¡Espera! Se está disipando, haciéndose menos espesa. Ahora puedo ver a través de ella.
Estoy en medio de un pequeño parque, de pie sobre la arena. A mis pies veo un castillo en construcción, junto a dos niños que discuten por su cubo. No parecen muy enfadados, ríen mientras tiran de ambos lados del cubo. Uno tropieza y cae sobre el castillo, deshaciéndolo. El otro corre a ayudarle, tirando el cubo al suelo. Cuando consiguen estabilizarse vuelven a la construcción de un nuevo castillo, dejando de lado el motivo de su pequeña disputa.
Un poco más allá veo un columpio, uno de esos antiguos que tenían una rueda de camión en vez de una tabla de madera. Un grupo de niños de no más de diez años juegan a columpiarse unos a otros, felices, libres de preocupaciones.
En mi reconocimiento del lugar desvío la vista hacia el otro lado y localizo un tobogán viejo de madera roja. Tiene una tabla suelta y parece astillado, no parece muy seguro para estar en un parque infantil. Una niña pequeña sale corriendo hacia él. La observo mientras sube por los desgastados peldaños.
Tiene cerca de seis años y lleva unos pantalones blancos con flores, a juego con su camisa y con la cinta que adorna sus graciosos rizos castaños. Sus labios gruesos y rosados se abren en una sonrisa que se refleja en unos enormes ojos marrones color chocolate, enmarcados por oscuras pestañas. El brillo de sus ojos no tiene nada que envidiar ni a sus blancos dientecitos ni a los destellos que el sol consigue sacarle a sus largos tirabuzones. Tiene algo que me resulta familiar, pero no estoy segura de lo que es. Inconscientemente me acerco hasta ella, avisando de que se va a hacer daño, pero, por más que grito, nadie me oye, ni siquiera yo misma. Comienzo a saltar como loca, haciendo gestos, pero sigue sin verme. Cuando ya no me queda nada para alcanzarla y poder agarrarla para impedir su bajada, mi mano atraviesa su brazo, pasando a través de ella, convirtiéndola en humo.
La niebla vuelve a invadirlo todo al mismo tiempo que una fuerza me aparta bruscamente, lanzándome fuera de todo, del parque, de la niebla, de mí misma.


La fuerza ha sido tan brusca que he chocado contra una pared. Me resulta extraño, no he sentido nada material desde que he despertado, no recuerdo cuando.
Me levanto despacio frotándome el brazo dolorido y empiezo a caminar por la habitación. Estoy en un lugar blanco e iluminado, con unos sofás negros junto a las ventanas. Éstas son grandes, sólo de cristal, pero, por mucho que las miro desde todos los ángulos, no veo manera de abrirlas.
En el centro de la habitación, alrededor de algo que parece una cama, veo niebla. No puedo ver a través de ella, parece imposible traspasarla. Empiezo a avanzar hacia allí y veo una serie de cables conectados a la pared, con su origen en el interior de ese humo blanco. Un gotero con suero, situado al lado izquierdo de esa cama fantasmal, produce el único sonido que se escucha dentro de la habitación, un goteo incesante.
Plic, plic, plic.
¿Qué se supone que hago aquí, en una silenciosa habitación de un hospital, sin saber cómo demonios he llegado hasta ella?
La curiosidad me llama, así que continúo avanzando hacia la niebla, hacia esa sombra difuminada con forma de cama. A medida que me acerco, una silueta que parece estar postrada sobre la cama se hace más visible. Pero no puedo seguir acercándome, una fuerte presión me empuja hacia atrás, como si no quisiera que me acercara más, como si no quisiera que viera nada más. Pero, ¿la niebla puede ser capaz de hacer eso? ¿Es posible que algo técnicamente inmaterial pueda ejercer una fuerza superior a la mía?
Mientras estas dudas invaden mi mente la presión comienza a disminuir, pero la niebla sigue siendo igual de espesa. Sigo avanzando, con la esperanza de poder distinguir mejor la figura que está sobre la cama. Pero esta esperanza se frustra enseguida, ya que, cuanto más me acerco, más espesa se vuelve la niebla. En un momento dado dejo de ver, todo se vuelve blanco a mi alrededor, no veo nada, ni siquiera las palmas de mis manos. Cuando la niebla es tan espesa que me siento como una especie de ente sin cuerpo suspendido en alguna parte por encima de las nubes, comienza a disiparse lentamente, dejándome ver solamente retazos de un lugar completamente diferente del que he dejado al otro lado de la niebla.


Miro a mi alrededor y veo coches, muchos coches. Estoy en medio de una carretera, los coches están aparcados a ambos lados de ella. Es invierno, todo está blanco, la escarcha recubre los coches, los árboles desnudos se inclinan bajo el peso de la nieve.
No siento frío, ni calor, pero tampoco siento ropa de abrigo sobre mi cuerpo. Por primera vez desde que he despertado decido mirarme detenidamente. Me acerco a un coche y trato de verme en un retrovisor. Al principio no exactamente lo que veo: me veo a mí misma, pero como si me mirase desde fuera, como si me mirase con los ojos de otro.
Unos ojos apagados que tratan de imitar sin éxito el color del chocolate me miran con tristeza desde el interior del pequeño espejo, unos rizos dorados caen lacios y sin brillo alrededor de ese rostro pálido y demacrado. Decido alejarme para intentar verme entera en la superficie metálica del coche. Éste me devuelve la imagen distorsionada de una chica de unos 15 años cubierta con un camisón blanco que acentúa su extrema delgadez.
Comienzo a toquetear nerviosa la fina tela de la que está hecha el camisón y, al mismo tiempo, paso la otra mano por la nieve que se acomoda sobre el coche. La cojo, juego con ella, hago una bola del tamaño de mi puño y la lanzo al otro lado de la calle.
Nada, no siento nada. Es como si todo fuera ajeno a mí, como si no pudiera sentir nada que no me pertenezca. Me resulta raro, estoy aquí, plantada en medio de una carretera, vestida con un fino camisón en pleno invierno. Lo veo todo, puedo tocarlo todo, manosearlo, saborearlo incluso, pero soy incapaz de sentir nada. Ni el más leve roce, ni el más mísero soplo de viento, ni la más mínima gota de agua, ni siquiera el incómodo frío de los copos de nieve que noto caer sobre mi cara. Es como si yo misma me estuviera convirtiendo en algo inconsistente, como si me estuviera convirtiendo en niebla.
De repente oigo el molesto sonido de un claxon y me giro justo en el momento en el que un camión derrapa sobre en suelo mojado y se lleva por delante a una persona.
Grito. Grito como si me fuera la vida en ello, como si fuera la última vez que pudiera hacerlo. Quiero acercarme al lugar del accidente, pero mi cuerpo no responde. Solo grito, grito y grito. Las lágrimas me resbalan por la cara, las noto, pero no las siento. No sé que me pasa, quiero moverme, acercarme a la chica que yace en el suelo en medio de un charco de sangre, pero soy incapaz.


Alguien ha llamado a una ambulancia. No sé quien, ni cuando. Llevo todo el rato aquí de pie, mirando fijamente la escena, pero no he visto a nadie que lo hiciera. No sé cuánto tiempo ha pasado desde que volcó el camión, siento haber pasado aquí horas y horas, aunque por el charco de sangre que rodea a la chica no parece que haya pasado más de media. Los operarios médicos que acaban de bajarse de la ambulancia comienzan a rodearla. Les oigo gritar, pedir un collarín, suero, gasas, una camilla... Por un momento, esos gritos me tranquilizan, me hacen saber que está viva. Pero, ¿cuánto tiempo puede quedarle de vida?
Noto que las piernas han decidido obedecerme y se han encaminado solas hacia el lugar del accidente. Comienzo a ver la escena más de cerca, veo los rostros preocupados de los sanitarios, y lo entiendo todo. Va a morir. Si no llegamos pronto al hospital, su muerte será inevitable. Pero, aunque consigamos llegar a tiempo, las posibilidades de que sobreviva son mínimas. Me maldigo a mí misma. ¡¿Por qué no he sido capaz de reaccionar antes?! ¡Tal vez podría haberle salvado la vida!
Nadie me ve. Llevo un rato intentando colarme entre las personas que rodean a la chica, pero nadie ha levantado la vista para mirarme. He intentado apartarles, pero mis manos les traspasaban. Me siento extraña, ajena a todo lo que me rodea, pero a la vez siento que tengo que estar aquí, que tengo que acercarme a la pobre chica que yace en el suelo. No sé por qué, pero siento que es lo que tengo que hacer, siento que esa es la única razón por la que estoy aquí, en este lugar y en este momento.
Salto, intento ver por encima de las cabezas. Nada. Intento colarme por debajo del brazo de una de esas personas. Nada. ¿Por qué no puedo pasar? Me necesita, esa chica me necesita. Yo necesito verla.
Uno de los que estaban atendiéndola se levanta corriendo para buscar algo dentro de la ambulancia. No sé lo que busca, pero no desperdicio la ocasión. Me cuelo por el hueco que ha dejado libre y veo a la chica por primera vez desde que estoy aquí.
La niebla comienza a rodearnos, alejando a todas las personas que estaban aquí hace un momento. Intento moverme, pero la impresión me ha dejado clavada al suelo. Mi cuerpo no responde, ni siquiera soy capaz de parpadear. Todo a nuestro alrededor está estático, nada se mueve, no sopla el viento. Mi mente tampoco responde, intento alejarla de este momento, pero me resulta imposible. Sólo soy capaz de centrarme en la chica que tengo ante mí, tirada en el suelo, medio muerta. Y entonces lo comprendo todo.


Esa chica...
… soy yo.

5 comentarios:

  1. Oh venga, ¿no hay un botón de me encanta? Deberían ponerlo :D
    Pues te lo digo yo, me encanta. Sigue escribiendo^^

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    Respuestas
    1. Jajaja :) Muchas gracias, Kira ^^
      Creo que inventaré un botón de «Me encanta *O*» solo para ti, o al menos lo intentaré, porque esto de la informática no se me da muy bien e.e Me pondré a investigar :3

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    2. De nada :3
      Creo que puedes poner unos botones debajo de las entradas, hay una opción de blogger que deja eso, pero no me acuerdo cómo se ponían.
      A mí me encanta la informática, es una de las cosas que más adoro, así que si necesitas clases ya sabes jajaja

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    3. Lo tendré en cuenta, pero algún día creo que nos pondremos de acuerdo para organizar una excursión e ir a conocerte :D
      Buscaré lo de los botones esos, a ver que encuentro.

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  2. Venga, Kira, lo he puesto ahí para ti. Haz clic en él :D

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