lunes, 14 de mayo de 2012

Cada pieza en su lugar

Empecemos con una metáfora: mi vida como un puzzle. Cada pieza es una persona, un recuerdo, un día, una rutina, un error... Cualquier cosa que haya hecho que mi vida sea así y no sea de otra manera.

Bien, ahora quiero contaros una historia.


Hace un mes, día arriba día abajo, alguien comenzó a levantar las piezas de los bordes de un puzzle sin terminar aún, sin que yo me diera cuenta. Por aquel entonces yo estaba disfrutando de una confianza y una seguridad en mí misma que nunca había tenido, una felicidad que desconocía, y descuidé un poco ese puzzle en el que consiste mi vida.
Cuando me quise dar cuenta de todo ya había pasado mucho tiempo, me faltaban muchas piezas. Pero tardé unos días en darme cuenta de la cantidad de piezas que faltaban. Con rapidez traté de recuperar esas piezas para volver a montar mi puzzle, mi vida. Algunas estaban por ahí, tiradas por el suelo, amontonadas sin cuidado. Pero otras, las importantes, las que me faltaban para poder unir lo que me quedaba con lo que había recuperado, me las habían robado.
En ese momento comencé a desmoronarme al mismo tiempo que lo hacía mi vida. Las piezas que me quedaban, al no tener otras que las sujetasen, empezaron a levantarse.

Me iba perdiendo a mí misma, igual que estaba perdiendo mi vida.

El sábado cogí un avión y me fui a Barcelona, dejando mi vida aquí, en casa, pensando que a lo mejor se arreglaba todo. Allí traté de evadirme de todo, de la realidad, de mi vida, de ese puzzle.
Y ha funcionado.
Pero he vuelto, y tal y como yo pensaba toda esa gente a la que quiero habían ido recuperando esas piezas robadas y colocándolas en su lugar. No sé aún si aún me falta por recuperar alguna, pero por ahora todo vuelve a recuperar el sentido que tenía antes.

Me alegro de estar recuperando mi vida.




PD: Muchísimas gracias a todos los que me habéis apoyado, habéis hablado conmigo estos días, a los que habéis soportado mis berrinches, mi sarcasmo, mi tensión... A los que, aún sin saber que me pasaba, me habéis dado un abrazo que de verdad necesitaba, a los que me habéis hecho reír o a los que me habéis dedicado una sonrisa sin necesidad de recibir nada a cambio.

A todas esas personas, muchísimas gracias, de verdad.

Os quiero.

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