lunes, 30 de julio de 2012

El lugar donde reposan los muertos

Un desierto inmenso, piedras afiladas que te cortan las plantas de los pies, un sol abrasador sobre tu cabeza. Todo quema, te sientes como si estuvieses caminando sobre las brasas de una hoguera que se ha apagado hace poco. A tu alrededor no hay nada, sólo piedras y más piedras que te rasgan los pies y las rodillas mientras te arrastras para levantarte. Empiezas a notar los síntomas de la deshidratación: se te seca la boca, te pesa la lengua, apenas puedes moverte, tienes la cabeza embotada y solo puedes pensar en agua.
Agua. Un riachuelo que atraviesa el desierto de piedras. La débil línea entre la vida y la muerte. Te agachas a beber, formando un cuenco con tus manos. Pero antes de llevarte el agua a los labios lo ves: huesos, montones de huesos astillados, y calaveras de todos los tamaños.
Y lo entiendes, ya sabes donde estás.
El Páramo, Eldir, el Inframundo.
El lugar donde reposan los muertos.

sábado, 28 de julio de 2012

Nuevo proyecto

He decidido empezar un nuevo proyecto, algo más llamativo y sustancioso que lo que hago aquí, algo grande. Pero eso no quiere decir que vaya a abandonar esto, simplemente es para avisaros de que voy a tener que repartir el tiempo que le suelo dedicar al blog con el otro proyecto que tengo en mente. Aquí voy a seguir haciendo lo mismo que siempre: reflexiones, críticas, reseñas y relatos cortos sin ninguna conexión entre ellos, así que espero que no me abandonéis si tardo demasiado en escribir una nueva entrada.
Pero hay más ideas en mi cabeza, ideas que necesitan que las ponga por escrito y que no pueden limitarse a un pequeño relato, si no que necesitan convertirse en algo más grande. Eso voy a hacer, quiero empezar a escribir un libro.
Espero que os guste.

viernes, 20 de julio de 2012

Que no es verdad

Ayer por la noche, mejor dicho hoy de madrugada, estuve navegando por Youtube y me tropecé con este video:



Un rato después de haber visto esto y haber escuchado cada palabra que salía de la boca de Ágata Grey, se me encendió una chispa en la cabeza, aunque más bien fue un fogonazo. Recordé que desde hace tiempo tenía en mente hablaros de una cosa, de algo muy importante para mí. Es algo serio, muy serio, así que preferiría que lo leyerais despacio, atendiendo bien a cada palabra.

Quiero hablaros de los sueños, pero no de esos sueños que tenemos cuando dormimos, ni cuando soñamos despiertos, ni siquiera me refiero a esas fantasías que tenemos en algún momento y que se evaporan con facilidad. Estoy hablando de esa idea que tenemos metida entre ceja y ceja desde que tenemos uso de la razón, estoy hablando de esos deseos sobre los que hemos ido cimentando nuestra vida, estoy hablando de nuestro futuro, de un futuro cada vez más cercano y destartalado.
Estoy hablando de un futuro en ruinas, de vuestro futuro.

Nos están quitando nuestro futuro, nos están quitando nuestros sueños, nos están quitando nuestra vida. Aunque supongo que esa idea ya está en vuestra cabeza desde que empezó todo esto de la crisis y los recortes, así que no hace falta que os hable de ello. 
En este momento prefiero no desviarme del asunto que me preocupa, de lo que quería hablaros hoy.

Todos tenemos más de un sueño que queremos cumplir: hacer la carrera que deseamos, tener el trabajo que queremos, formar una familia... Pero hay un sueño por el que lo daríamos todo, el sueño de nuestra infancia, el que creemos imposible. 
Ese es el sueño del que me interesa hablaros.
Cualquiera al que le habléis de ese sueño os llamará locos, os dirá que no merece la pena luchar por ello, que es una tontería pensar siquiera que puede ser posible. Pero yo no pienso así, nunca lo he hecho. Mi vida se ha cimentado con ese sueño, ese sueño me ha mantenido con vida, y haría cualquier cosa por cumplirlo, porque, al contrario de lo que os han enseñado, SÍ ES POSIBLE.



Porque, si vosotros no creéis en vuestros propios sueños,
¿quién va a hacerlo por vosotros?

miércoles, 18 de julio de 2012

Lavado de imagen

Bueno gente, quería comunicaros una cosa. Buf, cuantos avisos estoy haciendo últimamente...

Pues bien, quería deciros que, de cara al verano, he decidido acompasar la subida de entradas con un ligero lavado de imagen en el blog. No va a ser nada importante, las cosas seguirán un poco como están ahora, solo que haré algunos pequeños cambios y demás cosillas varias.

Un besito.

Alea jacta est

La suerte está echada.
Concurso Literario "Premio de relatos Campo Grande"

martes, 17 de julio de 2012

Cambio de look

¡Hola holita, queridos lectorcillos! Quería comunicaros que he decidido hacerme un cambio de look, pero solo en lo referente a mi perfil de blogger, ya querría yo hacérmelo de verdad...

Pues bien, a partir de ahora he decidido utilizar un pseudónimo en vez de mi nombre de pila, aunque mi nombre completo sigue abajo del todo, al pie del blog, e igualmente este blog sigue vinculado a toda mi información personal y eso...
Así que lo del cambio de nombre es solo porque me apetece.

¡Ah! Y también he cambiado la foto, para adecuarla más al pseudónimo que voy a utilizar a partir de ahora.

Un abrazo muy grande a todos.

domingo, 15 de julio de 2012

Childe Roland a la torre oscura llegó

Mi primera idea fue que mentía en todo,
aquel viejo lisiado de ojos maliciosos,
observando con recelo el resultado de su mentira
en los míos, apenas capaz de ocultar
el regocijo que le arrugaba y perfilaba la boca,
por haber logrado así una nueva víctima.

¿Qué si no podía pretender con su bastón?
¿Qué, salvo atacar con sus mentiras, engañar
a los viajeros que lo encontraban allí apostado
y preguntaban por el camino? Imaginé
la risa de calavera, la muleta escribiendo alegre
en el polvo, para divertirse, mi epitafio.

Si decidiera seguir su consejo y tomara
esa amenazadora senda que, todos dicen,
conduce a la Torre Oscura. Pero consentí seguirla
como me decía, no por orgullo ni loca
esperanza de encontrar el final deseado, sino más bien
por la alegría de encontrar un final.

Porque, a pesar de vagar por el mundo entero,
a pesar de mi búsqueda de dos años ya,
mi esperanza es ahora una sombra incapaz de soportar
la estridente alegría del futuro éxito.
Apenas traté de impedir el reproche de mi corazón
que así  encontraba el fracaso a su alcance.

Como un hombre enfermo cercano a la muerte
parece de hecho muerto, y siente tanto el inicio
y el fin de las lágrimas, como el adiós de los amigos,
y los oye comentar que prefieren salir
a respirar con más libertad ("porque todo acabó -dijo- ,
y este golpe no se cura con lamentar").

Mientras algunos discuten si habrá espacio
cerca de las otras tumbas para la suya cavar,
y cuál es el día ideal para el cadáver trasladar,
cuidando de pañuelos, música y estandartes,
el hombre lo oye todo, deseando no desmerecer
un amor tan constante y allí permanecer.

Así, tanto había sufrido en esta búsqueda,
tantas veces me había profetizado el fracaso, tanto
me habían sentenciado a formar parte del grupo (a saber,
los caballeros que a buscar la Torre Oscura
se encaminaron) que fallar parecía lo más apropiado;
sólo quedaba una duda: ¿seré adecuado?

Calmo como la desesperanza di la espalda
a aquel odioso lisiado; me alejé de él
hacia el camino indicado. Temible día había sido
y la oscuridad a su fin lo llevaba,
más todavía lanzó una lúgubre mirada escarlata
para ver como el llano a su presa capturaba.

¡Pero, ay! En cuanto hube entrado en el llano,
después de dar uno o dos pasos así contados,
al detenerme a volver la mirada por última vez
hacia el sendero seguro, éste ya no estaba;
llanura gris por doquier hasta donde alcanzaba la vista.
Podía seguir, ya que nada por hacer quedaba.

Y así seguí. Creo que nunca vi naturaleza
tan yerma e innoble; nada crecía allí y,
en cuanto a las flores... ¡mejor buscar una tupida arboleda!
Pero lucérnulas, euforbios, según su ley
podían propagarse, diría yo, sin causar asombro,
y una ortiga habría sido un enorme tesoro.

¡No! Penuria, quietud y muecas, de algún modo
que no entiendo eran la sal de aquella tierra.
"Mira o cierra los ojos -decía enojada la natura-,
no hay remedio, no puedo evitarlo: el fuego
del juicio final curará el lugar, calcinará la tierra
y a todos mis prisioneros liberará."

Si algún cardo roto se elevaba por encima
se sus compañeros, la cabeza le cortaban:
los torcidos sentían celos. ¿Qué rasgaría así
las duras hojas marrones del embarcadero,
amoratadas para impedir toda esperanza de verdor?
La bestia asesina, con intenciones de bestia.

Y la hierba, era tan escasa como el pelo
de un leproso; delgadas hojas secas pinchaban
el barro que bajo ellas parecía amasado con sangre.
Un ciego caballo, todos sus huesos al aire,
estupefacto parecía ante el porqué de su llegada:
¡expulsado de las caballerizas del diablo!

¿Vivo? Podría estar muerto por lo que sé
con el descarnado cuello rojo estirado
y los ojos cerrados bajo aquellas oxidadas crines;
raro es ver juntas tal monstruosidad y desgracia;
nunca vi un animal al que más odiara, porque malvado
sería para merecer tamaño dolor.

Cerré los ojos para mirarme el corazón.
Como un hombre pide vino antes de la batalla,
pedí un trago de mis antiguos recuerdos más alegres,
para así poder cumplir mejor mi cometido.
Piensa primero, lucha después... el arte de un soldado es:
un sorbo de los viejos tiempos y estaré listo.

¡Eso no! Vi el enrojecido rostro de Cuthbert
bajo sus adornos de oro rizado, querido
amigo, hasta que casi sentí que colocaba su brazo
en el mío, para dejarme listo en mi sitio,
como solía. ¡Ay, la desgracia de una noche!
Allá fue el fuego de mi corazón, dejándome helado.

Después Giles, el alma del honor... allí está
franco como hace diez años, cuando caballero  lo nombraron.
Lo que cualquier hombre honesto se atreva a
hacer (dijo) él se atrevía.
Pero la escena cambia, ¡no!
¿Qué verdugo clavó un pergamino en su pecho? Sus socios
lo leyeron. ¡Pobre traidor, maldito y vejado!

Mejor este presente que un pasado así;
¡de vuelta hacia mi oscuro camino una vez más!
No se oye ni observa nada hasta donde la vista alcanza.
¿Enviará la noche un murciélago o un búho?,
pregunté; cuando algo en el sombrío llano mis pensamientos
detuvo y cambió en un instante su anterior curso.

Un pequeño riachuelo mi camino cruzó,
tan inesperado llegó como una serpiente.
No eran aguas perezosas, tristes como todo el lugar;
aquella marea espumosa podría bañar
los relucientes cascos del demonio, la corriente negra
rabiosa salpicada de escamas y espumas.

¡Tan pequeño como malvado! Por todas partes
los bajos alisos se inclinaban sobre él;
los sauces mojados se lanzaban de cabeza, airados
con muda desesperación, multitud suicida:
el río que les había hecho tanto mal, el que fuese,
seguía fluyendo, sin desaliento por ello.

Mientras lo vadeaba, santo Dios, ¡cómo temía
pisar la mejilla de un hombre muerto a mis pies,
o sentir que la lanza con la que el suelo del río exploraba
en su cabello o en su barba se enredaba!
Tuvo que ser una rata de agua lo que ensartaba, pero,
¡ay! sonó como el lamento agudo de un bebé.

Con regocijo salí en la orilla opuesta,
esperando un paisaje mejor. ¡Vano presagio!
¿Quiénes habían allí combatido, qué guerra libraron
para que su salvaje paso aplastara así
el húmedo suelo? Cual sapos en un tanque envenenado
o gatos en una jaula de hierro al rojo...

La batalla debió ser en aquel llano yermo.
¿Por qué aguardaron allí, con toda la llanura
a su alcance? Sin huellas que llevaran a aquellos chillidos,
ni huellas que salieran. Una poción extraña
alteró sus sesos, como los de galeras que los turcos
enfrentan por juego, cristianos contra judíos.

Y más que eso, un trecho adelante, ¡sí, allí!
¿Para qué aquel motor, aquella rueda -freno,
no rueda-, aquella grada adecuada para devanar
cuerpos humanos, como seda? Con el aspecto
de la herramienta de Tophet, sobre la tierra abandonada,
o traída para afilar sus dientes de acero.

Después un terreno talado, otrora bosque,
y un pantano, al parecer, aunque ahora es
tierra desesperada y sola; (¡así un loco se entretiene,
hace algo, lo estropea, hasta que su humor
cambia y se detiene!); a lo largo de un cuarto de acre:
ciénaga, restos, lodo, arena y negro vacío.

Ahora manchas inflamadas, con colores vivos
y horribles, ahora retazos en los que la tierra
árida se tiñe de musgo o sustancias como tumores;
después de un roble paralizado, con una grieta,
como una boca distorsionada que se abre
para contemplar la muerte, y muere en retirada.

¡Y tan lejos como siempre del ansiado fin!
¡Nada en el horizonte, salvo la noche; nada
que conduzca mis pasos adelante! Al pensarlo, un gran
pájaro negro, la mascota de Apolión,
pasó volando, aunque sin batir sus alas de dragón,
y me rozó. ¿Sería la guía que buscaba?

Porque, al elevar la mirada, fui consciente
de que, a pesar del crepúsculo, el llano había
dado paso a las montañas, por dar tal nombre a aquellos
simples cerros y montes que feos tapaban la vista.
Cómo me sorprendieron de tal manera, no tengo claro.
Cómo salir de ellas tampoco estaba resuelto.

Pero me pareció reconocer algún truco
malicioso que, dios sabe cuándo, me ocurrió,
quizá fuese en un mal sueño. Aquél era pues el final
del avance por el camino. Cuando, a punto
de rendirme, una vez más, oí un ruido, un chasquido
como una trampa al cerrarse y dejarte dentro.

Todo volvió a mí como en una llamarada:
¡sí, era el lugar! Dos colinas a la derecha,
agachadas como dos toros cuerno con cuerno en lucha;
y, a la izquierda, una alta montaña pelada...
Zopenco, viejo loco, dormirme en el preciso instante,
¡después de una vida esperando aquel paisaje!

¿Qué se elevaba allí, si no la Torre misma?
La achaparrada torreta redonda y ciega
como el corazón del loco, de piedra marrón, sin igual
en el mundo entero. El elfo de la tempestad,
burlón, señala al marinero, y la flecha invisible sólo
golpea cuando los barcos ya van a zarpar.

¿No la ves? ¿Quizá por ser de noche? ¡Bueno, pues
el día regresó a tal fin! Antes de marchar
la puesta de sol moribunda atravesó una hendidura:
las colinas eran como gigantes de caza,
con la barbilla en mano, para ver la presa acorralada:
"Apuñala y acaba con ella... ¡hasta el mango!".

¿No lo oyes? ¡Si el ruido lo llena todo! Tañido
creciente, como una campana. Oigo los nombres
de todos los aventureros perdidos, mis iguales, de
cómo uno era muy fuerte, el otro valiente
y afortunado un tercero, pero, todos ellos, ¡perdidos!
Tocaba a difuntos por la tristeza de años.

Allí estaban, en laderas apostados,
reunidos para contemplar mi final, ¡un marco
viviente para un último cuadro! En un lienzo de llamas
los vi y los conocí a todos. Sin embargo,
valeroso, me llevé el cuerno a los labios
y soplé.

"Childe Roland a la torre oscura llegó"
Robert  Browning

miércoles, 11 de julio de 2012

Instinto

Está ahí, tras la maleza, agazapado entre las sombras. Mira con firmeza y determinación hacia el interior del claro, pero también con deseo en sus enormes ojos. La noche empieza a caer, las sombras se ciernen sobre él, pero no se asusta. Le guía el hambre, o el instinto. Actúa con demasiada astucia como para estar guiado solo por el hambre. Espera, respira lentamente, se asegura de no hacer ruido. Levanta una pata e inspecciona el terreno, con cautela. Paciencia, necesita paciencia. Mueve el rabo con cansancio, se aburre, necesita acabar ya con esto. Pero no puede, aún no, no hasta que su presa no agonice entre sus fauces. Se agacha y comienza a arrastrarse por el suelo, con cuidado, sin hacer ruido. Aprovecha los soplos de viento para amortiguar sus pisadas, el golpeteo de las hojas entre ellas ayuda a ocultar su avance. Está cerca de su presa, a solo un salto, pero ésta echa la orejas hacia atrás y deja de pastar. Se ha quedado sola, su manada se ha ido y ella no se ha dado cuenta. Distracción, imprudencia. Olisquea el aire con su hocico y huele el miedo, el horror del bosque, su propia muerte. Y huye, todo lo rápido que puede. El depredador sale tras ella, sin importarle ya el ruido que hace al correr, ha sido descubierto. Pero no ha sido lo suficientemente rápido, ha dejado pasar unas milésimas de segundo que han resultado ser demasiado valiosas, la diferencia entre la vida y la muerte. Ella está a salvo, de vuelta con su manada. A él le queda el hambre, que le acompañará durante toda la noche.
Otra vez será.

¿De verdad vas a seguir afirmando que somos superiores a ellos?

martes, 10 de julio de 2012

Aviso

Lo sé, últimamente tengo problemas con la estética del blog, muchos párrafos aparecen subrayados de blanco sin que yo haga nada. He intentado quitarlo, pero no he podido, así que lo dejaré así hasta que tenga una conexión a Internet más estable y disponga de tiempo para investigar el porqué de este problema.

Mientras tanto, disculpad las molestias.

Os quiero.

El libro de las cosas perdidas

Sobre todo lo que se perdió y todo lo que se encontró.

Hace mucho que no hago una reseña, ¿verdad? Sí, tenéis razón, pero es que esta ocasión lo merece. Y la ocasión de la que hablo tiene nombre, y autor.
Se trata de El libro de las cosas perdidas, de John Connolly. 

Este libro es una de las mejores obras que he leído, tengo que admitirlo. Su tema principal es la fantasía, un mundo fantástico en el que se mezclan cuentos y aventuras, pero contadas desde otro punto de vista diferente del habitual. También trata la muerte de un ser querido, el miedo a la pérdida, la pena cuando ésta sucede, la tristeza y la rabia de sentirse desplazado en tu propia familia... Y muchas cosas más que sería imposible enumerarlas todas.
La historia está ambientada en la Segunda Guerra Mundial, en Londres. Los alemanes atacan, los niños deben huir de la ciudad y mudarse al campo, los adultos deben cooperar para defenderse, bombardeos, fábricas destrozadas, muertes... El lenguaje del libro es sencillo, narrado en tercera persona, con la estructura de un cuento. 
En realidad, es un cuento, pero es un cuento para adultos, no para niños.

Esta historia trata de un niño que pierde a su madre a causa de una enfermedad que se la lleva poco a poco, causándole un dolor insoportable que le impedía levantarse de la cama. David, que es como se llama el niño, lleva a cabo una serie de rutinas (realmente absurdas) para mantener a su madre con vida. Pero, aunque las realiza, su madre muere. El niño no deja sus rutinas, sino que se convence que si deja de hacerlas algo malo le sucederá a su padre. Pocos meses después de la muerte de su madre, una mujer se inmiscuye en la vida de David, Rose, la amante de su padre. Con el tiempo, Rose y el padre de David se casan y ella se queda embarazada, dando a luz, tiempo después, a un bebé al que llaman Georgie. David, que había empezado a sufrir ataques en los que abandonaba su mundo y entraba en otro, en el mundo de su fantasía, puede escuchar los susurros de los libros, que le hablan. Éstos susurros se hacen más audibles cuando David y su padre se mudan a la casa de Rose, y a David le dan la habitación del ático, donde quedan los libros de un niño perdido que vivió allí hacía muchos años. Cuando llegan allí, la rabia que David sentía hacia Rose crece, ya que, según el niño, ésta quiere usurpar el lugar de su madre. También siente envidia y celos hacia su pequeño hermanastro, el pequeño Georgie, porque siente que su padre le ha apartado al nacer él. Se abandona a sus libros, sus historias, que su madre siempre le decía que estaban vivas en otros mundos, pero que deseaban que alguien les diera vida en este. 

La madre de David menciona algo que me llamó mucho la atención. Según ella, las historias de los libros odian a las de los periódicos, porque éstas no son más que historias que, cuando los periódicos llegan a los quioscos, ya están pasadas. En cambio, las historias de los libros nunca caducan, porque la imaginación siempre está ahí, esperando que alguien la dé forma de historia o que la alimenten con más historias fantásticas. Me apetecía mencionar este detalle, ya que me pareció uno de los pilares fundamentales del libro. 
Sigo con la historia, ¿no?

Los ataques continúan, y el padre de David le tiene que llevar al psiquiatra. En este punto también hay algo que me gustaría comentar. El médico le pide a David que dibuje una casa, y él lo hace. Empieza con un lápiz, detallando las paredes, las ventanas y el tejado, con tejas incluidas. Pero antes de que acabe el médico lo para y le pregunta que por qué no ha utilizado color, a lo que David le contesta que iba a hacerlo, que iba a pintar las tejas de rojo. El médico queda extrañado y David tiene que explicarle que las tejas son lo más importante, ya que si no hay tejas la lluvia entraría en la casa, y que en casa no solemos utilizar ropa de lluvia, así que nos sentiríamos incómodos al mojarnos. Me impactó mucho esa conversación y el raciocinio del niño. 
Pero me estoy yendo por las ramas.

Una noche, David escucha la voz de su madre, diciéndole que sigue viva y pidiéndole que vaya a salvarla. David sigue la voz hasta una grieta que hay en un jardín hundido, en la parte de atrás del patio de la casa, y se mete por ella. Pero tras él le sigue un avión, un bombardero alemán, provocando que todo se derrumbe y no pueda salir de ella. Supongo que David se desmayó en ese instante, quedando inconsciente. Pero eso es algo que yo supuse, porque en el libro David encuentra otro mundo al otro lado de la grieta, un mundo en el que las cosas son extrañas, los mayores miedos de la gente pueden hacerse realidad y donde un hombre encorvado, al que él llama el Hombre Torcido, o el Tramposo, como lo llaman otros, lo persigue, con las palabras "Bienvenido Majestad, ¡viva el nuevo rey!"
En este Otro Lugar, David aprende muchas cosas, cosas que le harán madurar y convertirse en un adulto. En este otro mundo existen variaciones de muchos cuentos populares, como Caperucita Roja, Hansel y Grettel, La Bella y la Bestia o La pastora de ocas, historias que le cuentan algunos personajes. Pero también hay otras variaciones de cuentos, variaciones que conoce él mismo, como el cuento de Los tres cabritos, Blancanieves y los siete enanitos, Ricitos de oro y los tres osos, Los tres cirujanos del ejército, La Bella Durmiente, etc.
Este nuevo mundo no es más que un recorrido por la imaginación de David, quien había leído muchos libros y, al desmayarse, se abandonó a él. Pero también es un recorrido por el periodo de transición de niño a adulto y sus miedos, una explicación que da el autor al final del libro.

Me ha parecido interesante la visión que nos da el autor de esa transición que conocemos como madurez, ya que utiliza un lenguaje muy sencillo y nos ofrece un cuento para adultos que nos hace recordar con cariño los cuentos de nuestra infancia.

Os lo recomiendo.

Porque en cada adulto mora el niño que fue, y en cada niño espera el adulto que será.

domingo, 8 de julio de 2012

Enya

Supongo que a muchos de vosotros os tengo un poco intrigados con respecto a la música que escucho, porque (y tenéis mucha razón si pensáis eso) no puedo pasarme toda mi vida escuchando las mismas canciones repetidas que me conozco de memoria.
Pues bien, allá voy.

Si habéis sentido tanta curiosidad como para analizarme, os habréis dado cuenta de que, por mi naturaleza soñadora (que puede palparse entre las líneas de todo lo que escribo), me encanta la música tocada exclusivamente con piano, lo que sea.
Pero hay algo que no había que analizar ni rebuscar entre líneas.
Más de una vez (y de dos, tres, cuatro o veinte) he mencionado mi obsesión por la cultura pagana, sobretodo por la celta. Si atáis cabos, os daréis cuenta de mi adoración hacia la música de todos estos pueblos perdidos. De eso quiero hablaros hoy, al menos de parte.
Voy a abriros la puerta a este mundo.

No sé si alguno de vosotros ha oído hablar alguna vez de Enya, o ha visto ese nombre o, por algún casual, ha escuchado su música. Para los que no sabéis nada de ella, os la presentaré como una cantante irlandesa de relevancia internacional. Pero no os voy a aburrir con su vida porque, en realidad, yo no sé nada de ella. Pero os dejo el enlace aquí para los que sintáis curiosidad por su carrera musical.
Es cierto, nunca he sabido nada de ella, pero he crecido leyendo su nombre en los discos que grababa mi padre y escuchando su música en los eternos viajes en coche que he hecho con él hasta Almería.
Pero quiero que, al menos, conozcáis su música.

Os aviso de que este estilo musical dista mucho del rock al que estáis habituados, incluso de la música pop al que estáis habituados otros. Pero, si alguna vez habéis sentido en lo más hondo de vuestros huesos el anhelo de un mundo que no conoceréis nunca; si, al mirar al cielo, os habéis perdido en esa infinidad de estrellas añorando tocar algo que no tocaréis jamás; o si, al evocar el Norte, habéis sentido en cada fibra de vuestro ser esa magia que emana de él y el vacío que deja en el alma al irse... sabréis perfectamente de lo que hablo.











miércoles, 4 de julio de 2012

Voluntad

Te arrastras por el suelo hasta que consigues colocarte boca arriba. No te importa mancharte las ropas, tienen tanto barro encima que sería imposible mancharlas más. En tu piel se mezclan la suciedad y el barro con la sangre que ha brotado de los arañazos que te hiciste al arrastrarte por esa inmensidad de piedras afiladas. Tu cara ya apenas se distingue del suelo de roca roja, el barro y la sangre se han apropiado de cada centímetro de esa inmaculada tez blanca. Tienes el pelo enmarañado, apenas se distinguen tus lisos mechones del color del cobre, se ha convertido en una maraña de pelo, barro, sangre y polvo.
Pero esta vez tu aspecto no te importa, en este momento te parece lo de menos, es estúpido pensar en ello.
Abres esos ojos tuyos casi negros, esos ojos enormes que tanto te caracterizan, y los diriges hacia el cielo que se extiende ante ti. Inmenso, negro, como tus ojos. Apenas ves titilar las estrellas, hay algo que te ha llamado tanto la atención que no te deja ver más allá.
Luna llena.
Hoy es noche de luna llena.
La ves allí, tan grande y hermosa, tan llena de vida, que te entran ganas de tocarla, de palpar esos destellos amarillentos que desprende. Pero no tienes fuerza, apenas eres capaz de mover los dedos de tu mano, te ha costado horrores darte la vuelta.
Por un momento tu vista se desvía de la luna y te fijas en lo que hay a tu alrededor.
Por un lado tienes ese inmenso desierto de piedra roja, tu infierno personal.
Pero por el otro...
Por el otro lado te encuentras con una pared, una pared de piedra que asciende hacia el cielo, hacia la luna, tu luna. En cualquier otro momento te hubiera asustado treparla, te hubieras negado siquiera a palparla.
Pero ya no.
Después de haber tenido que arrastrarte por ese desierto rojo durante tanto tiempo se te antoja sencillo, solo un obstáculo que salvar para encontrar la salida.
La salida...
Piensas en lo que supondría para ti encontrar esa salida, salir de ese pozo, huir de tu infierno personal.
Entonces tu voluntad te incita a levantarte, y te levantas, con fuerzas renovadas. Ya no vacilas al colocar un pie sobre un saliente de la pared y, sin darte cuenta, has comenzado a trepar. No has escalado nunca, pero en este momento te parece sencillo.

Y continuas, incansable hasta la salida, decidida a tocar la luna llena con las yemas de tus dedos.