domingo, 8 de julio de 2012

Enya

Supongo que a muchos de vosotros os tengo un poco intrigados con respecto a la música que escucho, porque (y tenéis mucha razón si pensáis eso) no puedo pasarme toda mi vida escuchando las mismas canciones repetidas que me conozco de memoria.
Pues bien, allá voy.

Si habéis sentido tanta curiosidad como para analizarme, os habréis dado cuenta de que, por mi naturaleza soñadora (que puede palparse entre las líneas de todo lo que escribo), me encanta la música tocada exclusivamente con piano, lo que sea.
Pero hay algo que no había que analizar ni rebuscar entre líneas.
Más de una vez (y de dos, tres, cuatro o veinte) he mencionado mi obsesión por la cultura pagana, sobretodo por la celta. Si atáis cabos, os daréis cuenta de mi adoración hacia la música de todos estos pueblos perdidos. De eso quiero hablaros hoy, al menos de parte.
Voy a abriros la puerta a este mundo.

No sé si alguno de vosotros ha oído hablar alguna vez de Enya, o ha visto ese nombre o, por algún casual, ha escuchado su música. Para los que no sabéis nada de ella, os la presentaré como una cantante irlandesa de relevancia internacional. Pero no os voy a aburrir con su vida porque, en realidad, yo no sé nada de ella. Pero os dejo el enlace aquí para los que sintáis curiosidad por su carrera musical.
Es cierto, nunca he sabido nada de ella, pero he crecido leyendo su nombre en los discos que grababa mi padre y escuchando su música en los eternos viajes en coche que he hecho con él hasta Almería.
Pero quiero que, al menos, conozcáis su música.

Os aviso de que este estilo musical dista mucho del rock al que estáis habituados, incluso de la música pop al que estáis habituados otros. Pero, si alguna vez habéis sentido en lo más hondo de vuestros huesos el anhelo de un mundo que no conoceréis nunca; si, al mirar al cielo, os habéis perdido en esa infinidad de estrellas añorando tocar algo que no tocaréis jamás; o si, al evocar el Norte, habéis sentido en cada fibra de vuestro ser esa magia que emana de él y el vacío que deja en el alma al irse... sabréis perfectamente de lo que hablo.











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