miércoles, 22 de agosto de 2012

- Veo que aprecia la buena música - observó Detroit complacido.
- Rock... Hacía al menos cincuenta años que no lo oía. Había buenos grupos... Me gustaba su energía y la rebeldía de sus letras. Fue una lástima que todo eso desapareciera.
- Bueno, no desapareció del todo - dijo Detroit mirando fijamente al horizonte sin despegar las manos del volante -. Quedamos nosotros... las tribus. Para nosotros, esa música sigue estando viva.
- Sí, pero no puede compararse con lo que era entonces. Había miles de bandas en todo el mundo, conciertos al aire libre, millones de discos que se vendían por toda la red... Después, poco a poco, todo eso fue muriendo - explicó Herbert, volviéndose a mirar a los chicos -. Supongo que todos tuvimos algo de culpa. Era tan fácil  conseguir grabaciones piratas de nuestros músicos favoritos que todos recurríamos a ellas sin pestañear. No nos dábamos cuenta de que, con eso, estábamos poniendo en peligro la supervivencia de esa música que tanto amábamos. Creíamos que solo estábamos engañando a las grandes empresas discográficas, que se llevaban unos márgenes de beneficio abusivos...
- ¿Y no era así? - preguntó Alejandra.
- Pues no; nos equivocamos - repuso Herbert con tristeza -. Cuando las discográficas empezaron a perder dinero por culpa del pirateo, lo que hicieron fue rescindir sus contratos con los músicos que menos vendían, y apostar únicamente por los productos seguros, cantantes muy comerciales patrocinados por las distintas cadenas televisivas. Así, los mejores músicos se quedaron sin trabajo, y tuvieron que dedicarse a otras cosas para sobrevivir. Pero, en fin, de todo eso hace ya una eternidad... Y supongo que a estas alturas ya no sirve de nada lamentarse.

La llave del tiempo
Libro tercero
La ciudad infinita
Ana Alonso y Javier Pelegrín

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Opina lo que quieras, acepto críticas y la mayor parte de las veces las llevo a la práctica.
Si no te gusta no sé qué haces por aquí, y menos qué haces comentando.
Gracias por leerme.