miércoles, 26 de septiembre de 2012

Aviones de papel

Ella restregó cariñosamente la nariz en su cuello, un poco por debajo de la oreja. Le gustaba su olor, aunque olía demasiado a AXE, pero en el fondo tenía algo dulce, un olor que la reconfortaba.
Él le acarició con dulzura el pelo, sonriendo. Le encantaba cuando le hacían eso, pero hasta entonces no había sido igual. Hasta ese momento nada había sido igual, aunque en realidad nunca lo había sido desde que ella apareció en su vida. La tenía ahí, entre sus brazos, feliz. Y lo único en lo que podía pensar es en que tenía el pelo más suave que jamás había acariciado. Nada más, no podía pensar ni en besarla ni en... bueno, otras cosas. Pero, ¿para qué mentir? En realidad se moría de ganas por besarla, acariciar su cuerpo y hacerle sentir mucho más, pero no en ese momento. Tenerla a su lado era suficiente, más que suficiente, era un sueño hecho realidad.
- ¿Vas a contestarme algún día? - preguntó, inquieto. Deseaba obtener por fin una respuesta.
Ella recordó inmediatamente el avión de papel, y se puso tensa. Ese avión iba a cambiarlo todo, o ya lo había hecho. Había puesto sus sentimientos patas arriba, más de lo ya que estaban desde que le conocía. Se vio a sí misma desdoblando los pliegues que componían las alas del avión, aunque le aterraba leer lo que había escrito en ellas. Él nunca escribía cartas, era algo que ella nunca le había visto hacer, y que le escribiera una a ella era más de lo que podía soportar. ¡Y en un avión de papel! Definitivamente, era demasiado. Cuando al fin se atrevió a empezar a leer, ya no pudo parar. La leyó y la releyó tantas veces que se aprendió cada palabra, cada espacio en blanco y cada mancha en el papel causada por la tinta del bolígrafo. No sabía cuantos papeles había arrugado antes de dar con la carta perfecta, ni cuantas veces habría desistido y se habría tirado sobre la cama, sintiéndose impotente por no saber expresar sus sentimientos. Y sólo con imaginarlo, a ella se le antojaba la imagen más adorable del planeta. Él, un chico que podía tener a cualquier otra que quisiera, teniendo ese detalle por ella. ¡Ella! Era demasiado.
- ¿Pequeña? ¿Sigues ahí? ¿O te han abducido los extraterrestres? - preguntó, intentado quitarle hierro al asunto.
Ese comentario le hizo volver al presente, un presente que iba a cambiarlo todo. Se giró hacia él para toparse con esa sonrisa que tanto le gustaba, levantó un poco la cabeza y le besó suavemente en los labios.
- Te quiero, ¿lo sabes?
Y volvió a besarle, con más intensidad que antes, feliz de estar entre sus brazos y de sentir lo que sentía.

2 comentarios:

  1. Me encanta, un relato precioso :) . Esos son los aviones bonitos, y no los de Ryanair... además los de tinta y papel como ese suben mas alto!!

    Totalmente abducidos uno de otro...un ovni solo para ellos, donde puedan seguir volando por encima de las nubes.

    Un abrazo!

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