martes, 16 de octubre de 2012

Una mañana como otra cualquiera

El sonido del despertador me saca bruscamente de ese mundo sin sueños al que viajo cada noche. Me arrastro hasta los pies de la cama y recojo el móvil del suelo, donde suelo dejarlo cada noche mientras carga. Apago la alarma sin mirar directamente a la pantalla para evitar que me deslumbre y me haga daño en los ojos. Me siento en el borde de la cama y busco las zapatillas con los pies mientras espero a que mis ojos se habitúen a la oscuridad. Como no las encuentro, trato de recordar dónde las dejé anoche, pero no lo consigo, mi memoria a estas horas es casi inexistente, un agujero negro. Tanteo la mesilla con la mano en busca del interruptor de la lámpara, lo pulso y me tapo los ojos con la otra mano en un acto reflejo. Odio la intensidad de esta maldita lámpara. Voy retirando los dedos uno a uno mientras me acostumbro a la luz amarillenta que ha invadido mi habitación y empiezo a buscar con la vista las zapatillas rosa chillón que tanto odio. Las veo por fin al otro lado de la habitación, justo en el extremo opuesto a mi cama. ¿Cómo demonios han acabado allí? Me levanto y noto en mis pies descalzos el frío que proviene del suelo, supongo que habré perdido los calcetines entre las sábanas mientras dormía. Noto como el frío entra en mi cuerpo por las plantas de mis pies y me recorre un escalofrío desde la parte baja de la espalda hasta el cuello. ¡Perfecto, ahora también cogeré frío! Meto los pies dentro de las zapatillas y me arrastro hasta el baño. Enciendo la luz, abro el grifo del agua fría y la dejo correr un poco mientras me recojo el pelo en un moño mal hecho. Me lavo la cara con ayuda de las manos y me seco con la toalla que hay al lado del lavabo. Cierro el grifo, me doy la vuelta y apago la luz antes de que acabe levantando la vista al espejo, prefiero no enfrentarme a las ojeras de mi reflejo antes de tomarme un buen café, un buen café bien cargado. Vuelvo a mi habitación y hago la cama con parsimonia, dejando la almohada sobre la mesa. Cojo los pantalones vaqueros de la silla y agarro un juego de ropa interior y una camiseta cualquiera del cajón de la cómoda. Me siento en el borde de la cama y me quito el horrendo pijama rosa con dibujitos infantiles que uso para dormir. Me visto rápido para no coger frío y doblo el pijama antes de colocarlo en el hueco de la almohada. Me agacho y recojo los calcetines que se han caído al suelo mientras hacía la cama, rosas también, por cierto. Es extraño porque odio con todas mis fuerzas ese color, pero toda mi ropa de dormir es rosa. Doblo los calcetines, los dejo junto al pijama y coloco la almohada encima, en su sitio. Recojo mi móvil del suelo, desenchufo el cargador, lo enrollo y lo dejo sobre la mesilla de noche. Apago la luz de la lámpara y enciendo la del techo. Busco la botella de agua en la mochila y la cojo. Me vuelvo a poner las zapatillas y salgo de la habitación, apagando la luz a mi paso. Voy hasta la cocina, enciendo la luz y abro el frigorífico en busca de la jarra de café, pero no la encuentro. ¡Estupendo! Me acerco hasta la cafetera, saco el depósito de agua, lo relleno y vuelvo a colocarlo en su sitio. Abro el armario en busca del café y me pongo de puntillas para cogerlo. Echo seis cucharadas contadas en el filtro, lo cierro, coloco la jarra debajo y enciendo la cafetera. Mientras espero a que salga el café decido prepararme el almuerzo. Saco el pan del congelador, lo meto a descongelar en el microondas y programo medio minuto. Mientras se descongela, relleno la botella con agua del grifo y la cierro con el tapón. Saco el pan del microondas y lo dejo sobre la mesa junto a la botella. Busco en el frigorífico entre los embutidos y saco queso en lonchas. Cojo tres, les quito el plástico y las dejo también sobre la mesa, junto al pan. Con un cuchillo, abro el pan con un corte irregular y coloco el queso dentro. Meto el bocadillo en una bolsa hermética y la vuelvo a meter junto a la botella en otra bolsa más grande. Apago la cafetera, cojo una taza y me echo más de la mitad del café en ella. Saco la leche del frigo y termino de llenar la taza. Abro el frigo de nuevo y la vuelvo a guardar. Deberían demandarme por abrir tantas veces el frigorífico, no debe ser bueno. Cojo la caja de cereales y como unos cuantos mientras miro el Twitter desde el teléfono. Hay que ver la cantidad de tonterías que puede poner la gente a estas horas. Feliz lunes, dicen. ¡Já! Escribo un par de comentarios irónicos y me quejo un rato de todo. Abro la pestaña de "Descubre" y escribo un par de tonterías con algún TT gracioso. Me tomo el café, meto las cosas en el lavaplatos y me voy al baño a lavarme los dientes. Me miro al espejo mientras me meto un chicle en la boca. Yo creo que no debe ser sano comer tanto chicle, aunque lo de mis ojeras tampoco. Me echo un poco de antiojeras que no consigue hacer nada con ellas y me quito el moño. Me desenredo el pelo y me quejo interiormente de lo asquerosamente liso y lacio que es. Y además me hace falta cortarlo un poco y no tengo tiempo de ir a la peluquería. Bien, perfecto, así me gusta, motivándome desde primera hora de la mañana, como debe ser. Miro la hora del móvil y aprovecho los diez minutos que me quedan guardando los libros y el bocadillo en la mochila. Me meto dentro de una sudadera y me pongo el abrigo, subiendo la cremallera hasta arriba del todo. Me ato la bufanda al cuello y busco los guantes en los bolsillos para ponérmelos. Vuelvo a mirar la hora y aprovecho para ver la temperatura de hoy. ¡¿-10ºC?! ¡¿Qué es esto, el Polo Norte?! Enchufo los cascos en el móvil, pongo la música y lo guardo el el bolsillo del abrigo. Me coloco los auriculares en los oídos, me subo la capucha y me cuelgo la mochila al hombro. 08:00 a.m. En media hora entro. ¡Y con Matemáticas a primera! Resoplo, abro la puerta de la calle y grito un "¡Hasta luego!" antes de salir. Todos están dormidos, como debe ser. Decididamente, odio las mañanas.

2 comentarios:

  1. Vaya tela... jajaja. Como la vida misma. Si yo te contara mis despertares..

    Espero que llevara motosierra, mates a primera! la necesitará... :) No hay nada mejor para hacer divisiones, restas y multiplicaciones! :)

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    Respuestas
    1. Si mi problema con las matemáticas es la profesora, no la soporto xD

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