miércoles, 24 de octubre de 2012

Velada romántica

- Bonita velada, ¿no crees?
- Yo no lo diría tan convencido -comentó ella, impasible-, dado que a cada segundo que pasa estás ideando el modo de matarme -añadió, serena.
- Pareces un poco disgustada, ¿debería preocuparme por el rumbo que está tomando mi cita? No imaginé esto cuando ideé una velada romántica con la mujer de mis sueños -se jactó él.
- ¡Oh, no te preocupes por eso! -respondió la muchacha, sarcástica- Estás siendo un Príncipe Azul estupendo. El problema -hizo tintinear las esposas que llevaba en las muñecas y en los tobillos- es que nunca aprendí a comer decentemente atada de pies y manos. Ya sabes, como una señorita.
Él arrugó la nariz.
- Y como comprenderás -continuó ella-, tampoco me siento muy cómoda atada con un cinturón a la silla. Es un poco... ¿cómo decirlo? ¡Ah, sí! Peculiar.
- Pensé que te gustaba lo "peculiar". ¿O no quisiste decir eso cuando me rechazaste diciendo que querías algo distinto, no al típico chico que buscan todas? -comentó con dulzura, llevándose tranquilamente un trozo de ravioli a la boca - Deberías probarlos, están buenísimos.
- Lo haría encantada, incluso en mi situación -movió las esposas de nuevo-. Pero no quiero mancharte de vómito cuando comiences a torturarme. El vómito es complicado de quitar, ya sabes.
El chico de cabellos negros como azabache levantó la vista de su plato y la taladró con los ojos, unos ojos de color azul oscuro impregnados de furia contenida. Era guapo, quizá demasiado, pero ese tinte de locura que manchaba sus ojos y algunos de sus gestos asustaba a la chica más de lo que quería aceptar.
El muchacho respiró, cerró los ojos y, cuando volvió abrirlos, aquella furia había dado paso a una expresión dulce y cariñosa, claramente fingida.
- Si prometes no intentar clavarme el tenedor, te soltaré las manos.
Ella soltó una risotada.
- Claro. Si prometes no matarme, comeré contigo como si de una velada romántica se tratase.
- Tú te lo has buscado -dijo él, con una tranquilidad pasmosa.
Ella volvió a reírse, con menos ganas.
- ¿He de suponer que me merezco todo esto? Una velada romántica, el precioso vestido que me has regalado, el maquillaje que hiciste ponerme, la cadena de oro que me colgaste al cuello, el diamante de mi dedo, una deliciosa cena en la azotea a la luz de la luna... ¿Se me olvida algo? ¡Ah, sí! Una muerte dolorosa a base de torturas.
Él respiró, cerrando esos oscuros ojos azules.
- Lo digo totalmente en serio, quiero soltarte las manos. Pero no permitiré que me ataques, ni que intentes huir.
- No se a dónde, la azotea está cerrada con ventanales y la puerta bloqueada. Lo que sí que haría es clavarte un tenedor, o el cuchillo. Me haría sentir mejor.
- Ya veo. Menosprecias mi generosidad.
- ¡¡ESTÁS PLANEANDO MATARME!!
- Eso es lo de menos, pareces obsesionada con el tema.
Ella soltó un resoplido y se dejó soltar las muñecas.
- Esto es absurdo, incluso para ti.
- Bueno, los enamorados hacen todo tipo de estupideces, y las estupideces son siempre absurdas.
- ¿Siempre tienes que tener la última palabra? -preguntó la chica, poniendo los ojos en blanco.
- Siempre. No lo dudes.
Se volvió a sentar y se acabó el plato de raviolis mientras la chica mordisqueaba uno de los suyos. Se limpió las manos en la servilleta, cogió un cuchillo limpio de la mesa y se acercó hasta ella.
- Bueno, yo ya he terminado. Una cena exquisita, una lástima que no hayas disfrutado de ella -le acercó la punta del cuchillo a la cara. Ella comenzó a hiperventilar-. ¿Por dónde quieres que empiece?
Ella gritó con todas sus fuerzas.
- Oh, veo que no te callas ni estando a punto de morir, creo que haré algo al respecto.
Le agarró la lengua con la mano que tenía libre y, tras un par de intentos, le serró el músculo con el cuchillo.
- Así no podrás hablar.
El grito de ella quedó ahogado por la sangre que brotaba de lo que antes había sido su lengua.

4 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho XD pero cuando llegué a la parte de la lengua me quedé con cara de O.O le corta la lengua¡¡¡¡¡ pero me ha encantado jajaja es de tu estilo sádico ; )

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    1. Según los psicoanalistas de Ruth, deberían encerrarme.

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  2. Cuanto egoísmo, ni siquiera dejó cenar tranquilo al pobre chaval con tanta charla. :)

    Interesante eso de encerrarte, podremos profundizar en eso en nuestra próxima sesión...tenemos una preciosa sala acolchada.

    Buah, los mejores estamos todos locos. :)

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    1. Sí, es que era demasiado quisquillosa, así no se puede matar tranquilo.

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