domingo, 9 de diciembre de 2012

Recreo

Estoy tirada en el suelo del pasillo del instituto, con un libro abierto sobre las piernas y el pelo castaño cubriéndome el rostro. Deben ser las 11:15 de la mañana, la hora del recreo. Mis compañeros de clase pasan junto a mí sin hacerme ni el más mínimo caso, hablando entre ellos y comentando las últimas gilipolleces del profesor de Matemáticas. No es que me moleste, ya estoy más que acostumbrada. Me he ganado el título de antisocial yo solita.
-¡Hell! - el grito me hace levantarme de un salto y esbozar la única sonrisa sincera del día.
Sandra se me tira al cuello y nos fundimos en un abrazo hasta que Samuel nos devuelve a la Tierra.
-Hey, Hell, yo diría que Frankenstein está ya un poco pasado de moda.
Le arranco el libro que acaba de recoger del suelo, el que yo estaba leyendo hasta hace un momento, y le abrazo. En realidad me llamo Helena, pero abreviando empezaron a llamarme Hel y con la tontería Sandra decidió derivarlo en Hell, Infierno.Y ahora es mi nombre oficial, al menos para ellos.

Son mis mejores amigos, aunque a lo mejor mejores amigos se queda corto. Lo son todo para mí, quizá sean las dos únicas personas a las que quiero, dejando a parte a mi familia. Tampoco es que los conozca desde hace mucho, tres o cuatro años como mucho, pero siento como si los conociera de toda la vida. Les miro con atención, como hago siempre, memorizando a la perfección sus rasgos.

Sandra tiene el pelo rubio, ondulado y muy, muy largo. Aunque si no la conoces bien tampoco puedes saber eso. Lo lleva siempre recogido en un moño alto que sólo se quita cuando estamos en su casa haciendo tonterías para alborotárselo al ritmo del rock que siempre nos pone Samuel. Tiene los ojos grises, de un gris profundo, tirando a blanco. Su cara es achatada, redonda, como con forma de corazón, lo cual se hace más notable cuando se suelta el pelo. En mi opinión es una chica muy guapa, a pesar de arreglarse tan poco.
Samuel es el más alto de los tres, y yo la más baja. Tiene el pelo negro y un poco largo para ser un chico, siempre revuelto. Sus ojos son marrones, sosos, como los míos, aunque los suyos, al ser tan grandes, son mucho más bonitos. Lleva gafas de pasta negra, al estilo de lo que ahora se llama hipster o moderno, pero no porque intente aparentar ese estilo, sino porque es un chico tan torpe que es la única manera de que no se le rompan cuando se le caen, que no son pocas veces.
En mi opinión somos el grupo más extraño de este instituto, pero no nos importa. Nos tenemos a nosotros, y es lo que importa. La verdad, no le encuentro el sentido a tener tropecientos "amigos" y realmente no tener a nadie en quien confiar. Es absurdo, pero la gente es así de absurda.

-¿Hell? - es Samuel -. Hell, ¿estás ahí? Vuelve a la maldita Tierra y deja de volar por ahí, que llevo cinco minutos hablado contigo y parece que no te has enterado de nada.
-Eh... Lo siento, Sam. Estaba... Estaba pensando.
-Ya, ya veo. Estaba contándote que Sandra pensaba socializar un poco y llevarnos de fiesta esta tarde.
-¿Llevarnos... de fiesta? ¿Desde cuando te llaman esas cosas, Sandra? Pensé que no era tu estilo.
-Bueeeeeeeeno. No es que me llame, pero... digamos que... ¿Cómo os digo esto? Hummmmm...
-Eh, espera. ¿Es lo que estoy pensando?
Ambas nos echamos a reír. Samuel nos mira sin comprender nada.
-Chicas, ¿puedo saber en qué estáis pensando?
-Oh, Sam, ya sabes, cosas de chicas - le contesto, dedicándole una tonta caída de ojos que le provoca tal ataque de risa que tiene que apoyarse en la pared para no caerse.
Sandra interviene, con voz de maestra de Infantil con mucha paciencia.
-Basta de risas, que se nos va a acabar el recreo y no vamos a tener plan para luego. ¿Se lo cuento, Hell?- le sonrío con malicia-. Bueno, te lo voy a contar, pero con la condición de que no te vas a negar.
-Y si nos prometes que podremos invadir tu casa y revolver en tu armario hasta que encontremos algo decente que ponerte.
-Eh, eh, calma chicas - se mira la sudadera gris y los pantalones rotos y pregunta-: ¿Qué tiene de malo esto?
Nos echamos a reír.
-Simplemente... Vamos, Sam, no nos quieres poner las cosas tan difíciles, ¿verdad?- me taladra con la mirada.
-Verás... Queremos... - Sandra intenta no reírse -. Sam, dado que pasas tanto tiempo rodeado de chicas.
-Chicas muy guapas y atractivas, por cierto.
-Calla Hell, que no me dejas hablar. Dado que pasas tanto tiempo rodeado de unas chicas tan guapas y atractivas como nosotras, hemos decidido que esta frustración sexual no es sana para ti. Osea, que hemos decidido buscarte novia.
-¡¿QUE QUÉ?!
-O novio, da igual - le guiño un ojo. Me sonríe con ironía.
-Y si acepto, aunque no encontremos a ninguna chica tan atractiva como vosotras interesada en este fantástico cuerpo, ¿dejaréis de ser tan pesadas con mi vida sentimental?
-Sabes que no, lo sabes muy bien.
Suena el timbre, les doy un beso a cada uno y me doy la vuelta. Se oyen los últimos gritos de protesta de Sam mientras Sandra le arrastra hasta su clase e intenta colocarle decentemente el pelo.
-¡HELL, QUE SEPAS QUE OS ODIO MUCHO! ¡MUCHO! ¡Y OS ODIARÉ AÚN MÁS POR ESTO!
-Vamos, Sam, ¿no pensarás ligar con estos pelos? Estate quieto de una vez, déjame peinarte.

Esbozo una sonrisa. La verdad, dejando aparte sus graves problemas mentales, creo que no podría econtrar amigos mejores que ellos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Opina lo que quieras, acepto críticas y la mayor parte de las veces las llevo a la práctica.
Si no te gusta no sé qué haces por aquí, y menos qué haces comentando.
Gracias por leerme.