lunes, 28 de enero de 2013

Play

El amor es la meta... La fama, su único camino.

Nadie diría que Leo y Aarón son hermanos. El primero es presumido y ambicioso; el segundo, tímido y reservado. Pero ambos desean algo. Mientras que Leo sueña con hacerse famoso a toda costa, Aarón no deja de pensar en cómo puede recuperar a su novia, quien, tras ganar un concurso y convertirse en una estrella mundial, se ha vuelto inaccesible.
Un día, husmeando en el ordenador de su hermano, Leo descubre que Aarón tiene un talento desbordante para la música, y que ha compuesto y grabado varios temas que no tienen nada que envidiar a los hits más populares del momento. Sin meditar las consecuencias, Leo decide darlos a conocer por internet, y muy pronto el fenómeno Play Serafin -el nombre que le ha puesto al canal de YouTube- estalla por toda la red...


Amor
(Del lat. amor, -õris).
1.m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2.m. Una razón como otra cualquiera para hacerse famoso.


Ojalá hubiera estado allí Dalila. Ojalá me hubiera atrevido a mostrar esa faceta de mí cuando todavía estaba a mi lado...
Aunque, bien pensado, si ella nunca se hubiera ido, yo no habría hecho caso a Leo y aquel concierto no estaría teniendo lugar. Fuera como fuese, en la siguiente canción me esforcé más que en ninguna otra. Quizá nunca podría volver a hablar con ella, a lo mejor saludarla se había convertido en un imposible.
Pero una canción... una canción podría viajar por mil caminos y me acercaría a ella tanto como una palabra o un beso.


domingo, 27 de enero de 2013

Las cosas cambian

No me di cuenta de que algo iba horriblemente mal hasta ese momento. Sabía que algo no iba bien, sabía que algo fallaba, lo sabía desde hacía tiempo. Pero, tal vez, no me percaté de las dimensiones del asunto hasta que no me estalló en la cara.

Os diría quién soy, pero creo que no merece la pena. Puedo ser vuestro mejor amigo, puedo ser vuestra pareja, puedo ser esa persona a la que miráis en el pasillo del instituto deseando que algún día os dedique una sonrisa. Pero, por encima de todo, puedo ser vosotros mismos.

Siempre he sabido que las cosas cambian, nunca lo he puesto en duda. Pero, ¿cómo podía haber cambiado todo tan drásticamente en tan poco tiempo? No hacía más que darle vueltas, pero seguía sin poder explicármelo. Hasta no hacía mucho, todos éramos uno, y ahora... Ahora es como si no les conociese. Seguían siendo ellos, sí. Pero habían dejado de ser ellos. Habíamos dejado de ser nosotros. Seguíamos siéndolo, sí. Pero ya no era lo mismo.

A lo mejor no sabes ni de qué te hablo, a lo mejor nunca has sentido esta sensación. O, a lo mejor, me entiendes tan bien que dudas no ser tú quien escribe esto. Pero, seas tú, yo u otra persona la que esté escribiendo, quiero hacerte una última pregunta:

Si nos hubiéramos percatado a tiempo de que algo no iba bien, ¿podríamos haberlo evitado?

sábado, 5 de enero de 2013

Sentimientos confusos

Miró la hora de la última conexión. Realmente, odiaba con todas sus fuerzas ese medio de comunicación, pero a veces no tenía más remedio. Se mordió el labio, nerviosa, odiándose a sí misma. ¿Por qué siempre le pasaba lo mismo? ¿Por qué siempre acababa dándose cabezazos con el mismo muro? Como decía aquella canción: "Como un martillo en la pared, como un disparo por la espalda, una y otra vez". Así era como se sentía. Era algo tan claro como confuso. Tan posible como  imposible. Tan estúpido como era ella. Pero seguía dándole vueltas al móvil, entrando y saliendo de los mismos sitios, buscando siempre las mismas letras. Era imposible que él no se diese cuenta de nada. ¿O sí lo hacía? ¿Era por eso mismo por lo que siempre acababan los dos golpeándose con el mismo muro, tropezando juntos con la misma piedra? Nunca se había planteado esa opción. Había dado por seguro que era ella quien manejaba los hilos de la situación. Pero, ¿y si no era así? ¿Y si era ella la marioneta, a la que él manejaba como quería?

Dándole vueltas a esa estremecedora idea, soltó el móvil, escondió la cabeza debajo de la almohada y rompió a llorar, intentando, como todas las noches, que él saliera de una vez de su cabeza.