sábado, 5 de enero de 2013

Sentimientos confusos

Miró la hora de la última conexión. Realmente, odiaba con todas sus fuerzas ese medio de comunicación, pero a veces no tenía más remedio. Se mordió el labio, nerviosa, odiándose a sí misma. ¿Por qué siempre le pasaba lo mismo? ¿Por qué siempre acababa dándose cabezazos con el mismo muro? Como decía aquella canción: "Como un martillo en la pared, como un disparo por la espalda, una y otra vez". Así era como se sentía. Era algo tan claro como confuso. Tan posible como  imposible. Tan estúpido como era ella. Pero seguía dándole vueltas al móvil, entrando y saliendo de los mismos sitios, buscando siempre las mismas letras. Era imposible que él no se diese cuenta de nada. ¿O sí lo hacía? ¿Era por eso mismo por lo que siempre acababan los dos golpeándose con el mismo muro, tropezando juntos con la misma piedra? Nunca se había planteado esa opción. Había dado por seguro que era ella quien manejaba los hilos de la situación. Pero, ¿y si no era así? ¿Y si era ella la marioneta, a la que él manejaba como quería?

Dándole vueltas a esa estremecedora idea, soltó el móvil, escondió la cabeza debajo de la almohada y rompió a llorar, intentando, como todas las noches, que él saliera de una vez de su cabeza.

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