martes, 27 de agosto de 2013

Sumergirme en mis versos
para intentar ahogarme
en todas esas palabras que nunca debí decirte
y que sin embargo te escribí.

                                          Lo siento, pero es lo que toca.

Nunca subestimes a una mujer, es probable que pueda matarte

Me dejo caer a su lado con un ruido sordo, saco un cuchillo de mi bota y me acerco a él por detrás. Delicadamente, coloco el filo en su cuello y acerco los labios sensualmente a su oreja.
- Eres bueno - susurro provocativamente -, pero no lo suficiente. Me he entretenido, está bien enfrentarse a un contrincante complicado de vez en cuando.
Me río con coquetería junto a su cuello. Él se queda en el sitio, paralizado. No va a permitir que le provoque, por lo que deduzco que está entrenado.
»Digamos que ahora me apartase y dejase tu cuello intacto (cosa altamente improbable, pero posible). Me atacarías, me tratarías como a un contrincante de tu nivel. No me... - dejo que las palabras se queden un momento en el aire y continúo, saboreando bien la palabra - subestimarías.
»Espero que te hayas dado cuenta ya de tu error. O a lo mejor te sigues preguntando por qué soy yo y no tú el que sujeta el cuchillo junto a mi cuello. Verás, querido. Te lo diré para la próxima (¡Uy, tonta de mí! No habrá próxima vez para ti). Igualmente te lo diré, y dejaré que pienses en ello unos segundos antes de que mi cuchillo atraviese tu yugular.
Acaricio su cuello con la punta del cuchillo y la clavo con delicadeza, dejando caer una gota de sangre desde su cuello hasta su pecho.
»Nunca, y digo nunca, subestimes a una mujer. Porque es probable que esa mujer pueda matarte.

Una vez dicho ésto, dejo que el cuchillo atraviese la carne de su cuello y corte de un tajo la arteria. La sangre empieza a salir a borbotones, pero me aparto antes de que me salpique. Su cuerpo cae al suelo y pronto queda rodeado por un charco de sangre. Limpio el cuchillo y lo guardo de nuevo en la bota, y una vez hecho éso me permito mirar su cuerpo inerte con admiración. No ha dicho una palabra, ni ha suplicado, ni siquiera ha tratado de defenderse. Se ha quedado quieto, esperando. Ha aceptado su error y ha muerto con dignidad. Por éso le he matado con un corte limpio, es un gesto noble entre personas como nosotros. Me hubiera gustado tenerle en mi equipo, era realmente bueno. Pero había sido enviado para acabar conmigo, por lo que no era una buena idea. Me agacho a su lado evitando pisar el charco de sangre y le cierro los ojos con respeto. Me levanto, le doy la espalda y camino hacia la salida del Metro, sin importarme que haya cámaras grabándome: la capucha y el antifaz negro ocultan muy bien mi identidad. No soy ningún secreto, la gente sabe quién soy, y me temen. Pero todo asesino necesita una tapadera, una identidad tras la que ocultarse por el día, una identidad que pague la casa, la luz y el agua y que vaya a comprar. Por éso yo no puedo dejar que me descubran.

lunes, 26 de agosto de 2013

«And a smile that could stop a war»

Ella le mira divertida, sonríe agradeciendo el cumplido y se da la vuelta, dispuesta a seguir caminando. Él se queda mirando cómo se va. Ella no lo entiende, no entiende que pueda eclipsar las miradas de todos con su sola presencia. Le hace gracia cuando las miradas recaen en ella y ríe los cumplidos como si fueran una broma, sin plantearse siquiera que puedan ser reales. No es que sea la chica más impresionante que él haya visto, claro que ha visto chicas realmente impresionantes que sabían que lo eran y se aprovechaban de ello. Pero ella es diferente, tiene algo. Ella no mira por encima de los demás, no se cree superior al resto. No se aprovecha de su belleza, ni siquiera le da importancia. No viste ropa provocativa, simplemente se pone aquello que le resulta más cómodo. Y quizás es eso lo que le hace especial: que no es como el resto, ni quiere serlo.

Y que con una sonrisa, podría parar una guerra.

domingo, 11 de agosto de 2013

«Ha sido divertido, me equivocaría otra vez»

¿Sabes?
Creo que estoy justo donde quería estar.
Voy a empezar a dibujarme
así, aquí y ahora.

Dejaré que me lleve el viento.
¿A dónde? No sé,
tampoco quiero saberlo.
Sólo debe hacerlo él.

Y me da igual que la luna me mire
y me reproche.
Ahora sólo estoy yo,
y éso es lo que importa.

                                                                                               Perdona.

jueves, 8 de agosto de 2013

«¿Dónde se han quedado tus sueños? Tienes el alma desnuda»

O a lo mejor sí, ¿quién sabe?
Las cosas ya no son las que fueron ayer.
Y este alma
ha decidido arreglarse.
                                             Si quieres.

miércoles, 7 de agosto de 2013

«Si no cierras bien los ojos muchas cosas no se ven»

Voy a salir a dar una vuelta,
no me esperes despierto.
No llegaré tarde,
pero a lo mejor no vuelvo.

¿Tú crees que llueve?
No veo las estrellas desde aquí.
Es todo demasiado llano
y tanto campo me impide ver el sol.

Tú duerme, ya volveré.
Supongo.
A lo mejor hace bueno
y me quedo.

Voy a coger el cielo con la manos
y a apartar estas nubes de mi cabeza.
Cerraré bien los ojos,
                           que no veo.

Como desees

Para Emma solo puede haber algo peor que pasar un mes junto a Niko: pasar dos. En apariencia, es el chico que todas las madres querrían para sus hijas -guapo, inteligente, cinéfilo y con sentido del humor -, pero Emma sabe que en realidad es un engreído insoportable. Además, a ella no le vale de novio... Niko es el hijo de la esposa de su padre.
A pesar de todo, este año está dispuesta a esforzarse para que las vacaciones en familia sean tranquilas y agradables: va a ser la hermanastra perfecta. Sin embargo, el pueblo levantino en el que veranean se verá sacudido por una serie de terribles asesinatos... a los que nadie puede escapar.

martes, 6 de agosto de 2013

Llévame contigo al paraíso

- ¿No te cansas, Marco? ¿No te cansas de tirarme los tejos sabiendo que no consigues nada?
- ¿Quieres saber una cosa? - contesta él, con una media sonrisa que era capaz de desarmar a la persona a la que estaba dedicada -. No me cansaría nunca de hacerte sonreír.
Ella sonríe, marcando sin quererlo esos hoyuelos en las mejillas que a él le traían loco. Entonces, llega la camarera con los cafés y rompe el momento. Ella baja la vista hacia su café, echa el azucarillo y remueve. Él simplemente la observa. Con ésta, sólo han quedado dos veces, pero se conocen a la perfección. Intuye que le pasa algo, aunque también influye el hecho de que, el día anterior, ella le mandase un whatsapp pidiéndole por favor que quedase con ella.
- Helena - Marco finge que quiere llamar su atención, aunque en realidad lo que pasa es que le encanta paladear su nombre.
La chica levanta la vista de su café. Nadie la llama así. Bueno, nadie excepto sus padres, sus profesores y Rob, su novio, con el que lleva casi dos años. El resto prefiere llamarla Hell, y hasta su hermana utiliza ese mote. A ella no le importa.
Él se lanza al vacío:
- ¿Qué tal Rob?
Ella le mira a los ojos y susurra:
- Bien.
«Bien». Punto. Nada más.
- ¿Y tú?
Helena se encoge de hombros, como si no importase lo más mínimo su estado de ánimo. Pero eso no era verdad, a él sí que le importaba. Era lo que más le importaba en el mundo.
- Helena, ¿qué pasa?
Ella esboza una sonrisa triste.
- Estoy cansada. Cansada de todo. Cansada de discutir cada dos por tres. Cansada de que cuando quedamos nunca pase nada, y cansada de que cuando llegamos a casa me diga por whatsapp todo lo que está mal. Cansada de que no me diga las cosas a la cara. Cansada de que espere de mí cosas que ya no puedo darle. Cansada de que no me deje evolucionar.
Se produce un pequeño silencio.
- Helena - susurra, mirándola a los ojos - ¿Has probado a decirle todo ésto? - hace una pausa -. Si lo habláis, a lo mejor podéis solucionarlo.
Esa última frase es la que más le cuesta pronunciar. Él no quería que lo arreglase con Rob, él la quería exclusivamente para sí. Pero también quería que fuera feliz, y ahora no lo era. Ni mucho menos.
- Ése es el problema, Marco - deja que su nombre se deslice lentamente por su garganta antes de continuar -. Que no sé si lo vamos a poder solucionar. Principalmente, porque no sé si yo quiero solucionarlo.
Dicho eso, baja la vista y se oculta la cara con el pelo. Él no dice nada. ¿Para qué? Ya lo ha dicho todo ella. Le da un sorbo a su café y decide romper el silencio que se ha formado con esa última confesión.
- Helena. ¿Qué vas a hacer?
Ella se encoge de hombros, y sin levantar la cabeza le contesta:
- No lo sé. Pero a ratos tengo ganas de tirarme desde un tercer piso. A lo mejor dejo de reprimir el impulso.
Él niega con la cabeza. Ya se ha acostumbrado a sus desvaríos.
- Sabes que yo no te lo voy a permitir, así que ve pensando en otra cosa que no incluya el suicidio.
Helena esboza una media sonrisa y decide jugar con él. Es la única persona con la que puede hacerlo.
- Me cambiaré de identidad - dice con una sonrisa coqueta -. Me teñiré el pelo de rubio y me pondré lentillas azules. Ya veré cómo decido llamarme.
Él suelta una carcajada.
- Pues yo me voy contigo. Me teñiré el pelo de negro y me llamaré Leonardo.
Helena se ríe, ladeando la cabeza.
- Lo siento, pero no pienso vivir con una persona que se llame Leonardo.
- Pues me tendré que buscar a otra que quiera - contesta él, fingiendo que se ha ofendido.
- Bueeeeno. Digamos que acepto tu cambio de nombre. ¿A dónde iríamos?
Finge que piensa, niega con la cabeza y se encoge de hombros.
- Lejos.
La chica coloca el codo en la mesa y apoya la barbilla en la palma, mirándole fijamente.
- Muy inteligente, sí señor. No me había planteado que tuviéramos que huir lejos. Pensaba irme a vivir al portal de mi casa.
Él se lleva una mano al corazón.
- Su ironía me duele, bella dama.
Ella le saca la lengua y se bebe todo su café de un trago.
- Podemos irnos juntos al paraíso - comenta él, serio -. Al lugar más alejado, donde nadie nos encuentre jamás.
Ella sonríe, pero no le contesta nada. Las cosas no son tan fáciles, aunque él piense que sí.

«Leo en tus ojos, ésa es mi literatura»

Dame tus estrellas,
que ya las cuido yo.
De todas formas,
no tengo nada mejor que hacer.
                                                    Por ahora.