miércoles, 18 de septiembre de 2013

- ¿Sabes qué es lo que creo? - el chico levantó la vista y la miró a los ojos -. Que esa chica te gusta de verdad.
- ¿Y qué te hace pensar éso?
Su amiga se rió.
- Cada vez estoy más convencida de que los hombres tenéis algo en vuestro cerebro que no funciona - él esbozó una sonrisa irónica -. Vamos a ver. Llevas detrás de ella varios años, éso lo primero. ¿Alguien esperaría tanto tiempo sólo para besar a una chica? No. O sí, pero sólo si se trata de alguien especial - el chico levantó las cejas -. Sé que hablas a menudo con ella.
- Tiene buena conversación. Se puede hablar con ella. Es inteligente y habla con propiedad.
- Todo éso son simples excusas - puso los ojos en blanco -. Y deja de mirarla.
Le dio un puñetazo en el brazo y el chico bajó la vista, avergonzado.
- ¿Tanto se nota?
- Sólo si sabes verlo. Haces un buen trabajo fingiendo que no te importa.
Miró a la chica a los ojos.
- ¿Sabes? Ella se merece algo mejor que lo que yo puedo darle. Merece que la traten bien, que la cuiden y que la quieran.
- Tú la quieres.
- Sí, pero no sé demostrárselo.
- Deberías dejar que ella eligiese, y no imponerle lo que crees que se merece.

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