lunes, 25 de noviembre de 2013

Lágrimas para regalar

¿Quieres un tarro de lágrimas?
A mí me sobran
de llorar
las penas
y las tonterías.
Y reírme ya
por no llorar.

Necesito un poco de alegría
o tal vez sólo un abrazo.

¡Despierta!

Para ti, que me has traído de vuelta.

El sol se asoma tras los edificios de piedra gris. Los pequeños ventanucos de las enormes estructuras de hormigón le saben a poco, necesita más. Necesita soltarse un poco, dejar escapar unos rayos más, desmelenarse.
La ciudad empieza a despertar. Se despereza entre el zumbido de las fábricas y los constantes pitidos de los coches. El timbre amortiguado de los colegios es su despertador. Se viste de gris y dorado, punteado de verde. Se acicala con el brillo plateado de un río, no demasiado limpio. Las brillantes luces de los semáforos son su maquillaje, la luz de las farolas su iluminador. Se perfuma con un poco de contaminación y olor a tabaco, con el suave dulzor de la hierba recién cortada. Es muy presumida, quiere estar guapa para el nuevo día.
Como en una triste fotografía vieja, aún se recuerda con melancolía, junto a la estación, el humo de aquellos trenes que, ruidosamente y como cada mañana, acudían puntuales a su cita con la ciudad. Ahora la estación quiere decirte que no ha cambiado tanto, que sigue siendo la misma que antaño, pero un poco más fea. Ha perdido su esplendor, le cambiaron las máquinas de vapor por cableados eléctricos, como a un enfermo al que le ponen un corazón artificial, porque el suyo ha empezado a fallarle. Y ahora, a pesar de no ser tan bella, huele un poco mejor.
Las campanas de una iglesia avisan del nuevo día, como el alegre trino de los gallos. Te dicen: “¡Eh! ¡Despierta! Ya es de día, y hoy promete ser mejor que ayer. ¡Espabila! No amanece a todas horas”. Con un enérgico gorjeo, los semáforos contestan, y te piden que te asomes, y sonrías, porque no hay nada mejor que verte sonreír por las mañanas.

La ciudad despierta, no como tú, que te revuelves perezoso entre las sábanas. No sabes lo bien que te queda el pelo revuelto. ¡Venga! Abre los ojos y sonríeme, que no sabes lo que necesito esa sonrisa. Que tenemos que comernos el mundo, y desde la cama no vamos a lograrlo. ¡Vamos! No perdamos más el tiempo aquí, levántemonos y disfrutemos del nuevo día. Vamos a vivir un poco. Abrázame, que en tus brazos me siento más segura y menos sola. Rodéame con ellos y hazme ser yo, porque sin tu ayuda no puedo lograrlo. Mírame, que me siento un poco más guapa cuando lo haces. Acaríciame, que mi cuerpo no funciona bien hasta que no me tocas. Y sácame una sonrisa, que mi corazón aún está frío. No puedes quedarte en la cama, tienes que ponerme en marcha.
Mira bien, las costuras ya no supuran, empiezan a cicatrizar. Parece que sólo necesitaban unas palabras bonitas susurradas al oído. Cántame algo, que me muero por saber cómo es tu voz. Y toca si quieres toda la noche, que yo voy a estar ahí para escucharte. ¡Vamos! Que tenemos que comernos el mundo, y yo ya no voy a romperme.

martes, 19 de noviembre de 2013

Muñeca de trapo

Esto no es como en las películas americanas. Aquí es más probable que, si chocas con una chica en un pasillo, en vez de caérsele los libros, se rompa ella y caigan al suelo sus pedazos.
Si esto fuera una película americana, te agacharías, recogerías sus libros, rozarías su mano al devolvérselos y, tal vez, le pedirías una cita. Pero aquí... Aquí deberás agacharte, recoger sus pedazos y volver a colocarlos lo mejor que puedas.
Pero no te preocupes, la chica no se ha roto por tu culpa. Sólo se le han soltado las puntadas chapuceras que la mantenían entera.

Verás. Las personas como yo estamos rotas. Hay quien se golpea muy fuerte contra algo y se rompe en pedazos. Pero a estos los podemos reconstruír. Sus trozos, aunque desperdigados, siguen encajando unos con otros.
Pero la gente como yo... ¿Sabes? También hay quien nace roto. Bueno, no exactamente roto. Sus piezas no encajan, simplemente. Están cosidos de forma chapucera, y las aristas de los pedazos no coinciden.

No te preocupes, de verdad. He aprendido a vivir con mis taras. A fin de cuentas, ¿quién tiene la culpa de mis defectos de fábrica?

lunes, 18 de noviembre de 2013

Naúfrago

¿Sabes lo que se siente cuando varas en una costa alejada totalmente de la civilización, completamente solo? Tal vez no, no son cosas que pasen a menudo.
En realidad no sé por qué escribo esto. Sé que no lo vas a recibir, aquí no hay correo. Pero supongo que prefiero malgastar unas pocas hojas de este cuaderno antes de que acabe convertido en pasto de las llamas para proporcionarme calor. No intentes convencerme, sé que no van a encontrarme. Ni siquiera saben que falto. Creemé, nadie notará mi ausencia. ¿Que por qué lo sé? Vamos. Sólo hay una cosa peor que estar solo en una isla desierta escribiéndole a nadie, y es estarlo rodeado de gente. Es el sentirte completamente solo aunque estés con alguien, es sentir que estás en un lugar desierto viviendo en una ciudad. Es la soledad, en su grado más elevado. Porque creas que no, aquí me siento un poco menos solo. Al menos puedo fingir me buscan.

domingo, 17 de noviembre de 2013

La mecánica del corazón

Tengo frío, joder,
y la incertidumbre no ayuda.
¿Cómo estás? ¿Bien?
Porque no lo parece.
Préstame el corazón,
que voy a tratar de arreglártelo.
¿Esta pieza va aquí? No, ¿verdad?
Soy un desastre.
Mi capacidad para arreglar cosas
y la facilidad que tengo para romperlas
tienen una relación proporcional,
pero a la inversa.
Lo siento, yo no he estudiado de esto.

La mecánica del corazón es más difícil de lo que piensas.

¿Quién necesita más?

Gracias
por existir
o por ser, que no sé si es lo mismo.

Gracias
por esas cosas que aún no has hecho
y por esas que has hecho, pero que aún no sabes.

Que todo tiene una explicación
y que hay alguna maldita razón
y una excusa cualquiera
que me ayude a entender esto.

¿Me ayudas?
Porque creo que me he perdido,
pero es que hasta hoy no me había encontrado.

martes, 5 de noviembre de 2013

Que yo te ofrezco la Eternidad, si la ciencia me lo permite.

Déjame versarte,
o escribirte unos versos.
Déjame abstraerme de esta realidad inventada,
y acompáñame si quieres.
Llévame a dar una vuelta
por este sinsentido
al que llamamos mundo,
y huyamos
juntos,
si quieres.
Y vamos a bebernos la Eternidad
en tazas de té,
con un poco de menta.

Battle Royale

       Las mejillas de Shogo comenzaron a temblar.
- Está usted loco -dijo-. ¡Está desequilibrado! ¿Cómo puede estar a favor de todo eso? -Estaba a punto de sollozar-. Se supone que un Gobierno está para cubrir las necesidades de su pueblo. No debemos ser esclavos de nuestro propio sistema. ¡Si piensa usted que este país es lógico, es que no está en sus cabales!
       Sakamochi lo dejó terminar. Y luego dijo:
- Oye, Kawada. Todavía eres un crío. Creo que tuvisteis algunas conversaciones al respecto, allí, en la isla, pero quiero que lo pienses un poco más. Este es un país maravilloso. Es el país más próspero del mundo. Bueno, puede que no tengáis posibilidad de viajar mucho al extranjero, pero nuestros productos industriales son de lo mejorcito. Los medios de comunicación gubernamentales dicen la verdad cuando aseguran que nuestra renta per cápita es la mayor del mundo. La cosa, sin embargo, es que esta prosperidad solo es el resultado de unificar a la población bajo un poderoso Gobierno central. Siempre es necesario un cierto grado de control. De otro modo, nos convertiríamos en un país tercermundista, como el Imperio americano. ¿Lo sabes, no? Ese país es una turbamulta de problemas de todo tipo, como drogas, violencia y homosexualidad. Están viviendo de sus glorias del pasado, pero solo es cuestión de tiempo que acaben colapsando.
       Shogo permaneció en silencio, apretó los dientes y luego dijo calladamente:
- Déjeme decir una cosa.
       Sakamochi levantó una ceja.
- ¿Qué? ¿Adelante?
- Ustedes pueden llamarlo prosperidad, pero... -la voz de Shogo sonó cansada, pero todavía con una digna firmeza- siempre será una impostura y una farsa. Y eso no cambiará aunque me mate. Está condenado usted a ser un farsante. No lo olvide.



Ahora, y por última vez...

QUEDAN 2 ESTUDIANTES

Pero, naturalmente, ahora forman parte de ti.