martes, 19 de noviembre de 2013

Muñeca de trapo

Esto no es como en las películas americanas. Aquí es más probable que, si chocas con una chica en un pasillo, en vez de caérsele los libros, se rompa ella y caigan al suelo sus pedazos.
Si esto fuera una película americana, te agacharías, recogerías sus libros, rozarías su mano al devolvérselos y, tal vez, le pedirías una cita. Pero aquí... Aquí deberás agacharte, recoger sus pedazos y volver a colocarlos lo mejor que puedas.
Pero no te preocupes, la chica no se ha roto por tu culpa. Sólo se le han soltado las puntadas chapuceras que la mantenían entera.

Verás. Las personas como yo estamos rotas. Hay quien se golpea muy fuerte contra algo y se rompe en pedazos. Pero a estos los podemos reconstruír. Sus trozos, aunque desperdigados, siguen encajando unos con otros.
Pero la gente como yo... ¿Sabes? También hay quien nace roto. Bueno, no exactamente roto. Sus piezas no encajan, simplemente. Están cosidos de forma chapucera, y las aristas de los pedazos no coinciden.

No te preocupes, de verdad. He aprendido a vivir con mis taras. A fin de cuentas, ¿quién tiene la culpa de mis defectos de fábrica?

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