viernes, 16 de mayo de 2014

Pandora

     La sombra de Pandora se desliza lentamente por el mundo. Cubre cada ciudad, pueblo, montaña, llanura o paraje desierto, sin distinción. No importa el lugar, no importa quién habite en él, o lo gobierne; Pandora pasa por él sin que nadie pueda evitarlo, ni darse cuenta siquiera.
     El manto de Pandora se desliza impertérrito, sin interrupción ni cambios de ritmo. Las flores se marchitan a su paso, los árboles se inclinan bajo él y los animales huyen espantados; la inocencia no tiene cabida para ella.
     El cielo llora desconsolado lágrimas ácidas sobre la tierra, y el mar enfermo boquea buscando aire sobre una playa ennegrecida. Pandora lo quema todo a su paso, y los bosques quedan reducidos a cenizas cuando se aleja. El mundo se rompe, y su soberana se pasea cada día en busca de nuevos lugares que destrozar.
     Pandora gobierna sobre todo desde mucho antes de que el ser humano poblara estos lugares, antes de que los fuertes se alzasen con violencia sobre los débiles, y los convirtieran en súbditos. Pandora dirige nuestros actos desde siempre, sin que nosotros podamos evitarlo.
     Ella está detrás de aquellas guerras que acabaron con millones de vidas, en los cañones y las armas, en los proyectiles y las bombas, en el dedo que dirige a algún inocente hacia la muerte, y en el último pensamiento del moribundo. Cuando ella pasa, ríos de sangre brotan de sus pisadas.
     Pandora se esconde en el terror del hombre, entre sus sueños, se alimenta de sus miedos. Ella está dentro de nosotros, es nuestro odio, rechazo e indiferencia, la falta de confianza de aquellos condenados al sufrimiento, y el sufrimiento en sí. Ella es el dolor, el hambre y la injusticia. Pandora es la muerte, y ella es quien orquesta desastres y atentados.

     Pandora lo es todo, y Pandora es el mal.

     Ella abrió su caja de los horrores, y allí encerró a la esperanza, lo único que aún puede derrotarla. Pero olvidó esconderla, y algunos llegaron a encontrarla. Ahora esa caja se encuentra en el corazón de aquellos que ya no tienen nada, y la esperanza grita desde su interior, aguardando inquieta su venganza.

     La esperanza se entreteje en el alma de los indefensos y los hambrientos. Habita en los gritos indignados del pueblo, y se hizo un hueco en el sufrimiento.
     Se halla en el corazón del desierto, en los ojos de un niño que ha visto morir su infancia, junto a su familia, por el hambre y la miseria. Se esconde en aquellos que aún siguen luchando, a pesar de que los grandes quieran evitar su desarrollo.
     La esperanza está tras las lágrimas del que enfermó por falta de atención, para que otro viviera a su costa. Se palpa en el silencio que precede al golpe de un martillo empuñado por un esclavo en busca de riquezas para su amo, en una mina abandonada. Es el traqueteo de las máquinas que fabrican los productos que se envían a las grandes empresas, manejadas por niños explotados que nunca llegaron a ser niños.
     La esperanza sonríe en los labios de aquellos que carecen de todo, que creyeron perdida su humanidad, inexistente para la raza blanca.

     La esperanza está en el Tercer Mundo, y Pandora no podrá derrotarla. Porque ambas son las dos caras de una misma moneda, y ninguna podrá coexistir con la otra, ni vivir sin ella.