sábado, 23 de agosto de 2014

Acrónico/ca

Acrónico/ca:  (del griego Khrónos, tiempo)
1. adj. Que se encuentra en estado acrónico.
2. adj. Referido a un cuerpo material: Que, debido a la falta de cohesión entre sus partículas, tiende a extenderse indefinidamente no sólo por las tres dimensiones habitualmente conocidas, sino también por una cuarta, considerándose esta última la dimensión temporal; y que, por tanto, carece de densidad.

No confundir con:
Acrónico/ca: (del griego ákpónyxos, vespertino)
1. adj. Ácrono/na: Intemporal, sin tiempo, fuera del tiempo.
2. adj. Astr. Dicho de un astro: Que sale o se pone a la salida del Sol.
3. adj. Astr. Se dice también del orto u ocaso del mismo astro.


Para empezar esta explicación, y poder comprenderla, hemos de abrir nuestra mente e ir más allá de ciertos convencionalismos, y debemos aceptar que las enseñanzas que nos han proporcionado hasta este momento sobre el mundo en el que habitamos son, no erróneas, pero sí incompletas. No soy yo quien va a realizar esta explicación, sino el filósofo Herbert George Wells - más conocido como escritor y novelista -, a través de un personaje al que él denomina, sencillamente, el Viajero.
[Es necesario picar en el enlace incorporado a la palabra Viajero para poder acceder a la información propuesta].

Una vez aceptados al menos los principios teóricos de esta nueva concepción de la Realidad, podemos proceder a hablar de lo que nos ocupa: la materia.
Desde niños, hemos aceptado que existen únicamente tres estados de la materia: sólido, líquido y gaseoso. También hemos estudiado los diferentes procedimientos físicos a los que hay que someter un cuerpo material para que éste pase de un estado a otro. El problema radica en que estos tres estados están basados en el convencionalismo de que sólo existen tres dimensiones.
Cuando por fin nos atrevemos a aceptar la posible existencia de una cuarta dimensión, siempre y cuando ésta sea la dimensión temporal, debemos comenzar a concebir la materia desde otro punto de vista, y aceptar a su vez la posible existencia de al menos otros dos estados en los que podemos encontrar la materia.

Debido a que estamos hablando de posibilidades y de teorías, supongo que hasta aquí mis lectores siguen la explicación. Pero para poder comprender lo que viene a continuación, es necesario que abran más su mente - si cabe - e intenten concebir lo que trato de explicar, no sólo pensarlo hipotéticamente.

Sabemos que la materia es capaz de desplazarse por las cuatro dimensiones de las que se compone la Realidad, y del mismo modo, también es capaz de no hacerlo. Los estados materiales a los que estamos habituados, a saber sólido, líquido y gaseoso, se desplazan de forma constante a través de la dimensión temporal, en la misma dirección; aunque de forma no tan constante a través de las otras tres dimensiones. Por ejemplo, las partículas de un cuerpo sólido no se desplazan ni a través de la longitud, ni de la altura ni de la anchura, pero sí lo hacen a través del tiempo, en la misma dirección y a la misma velocidad que nosotros. Al igual, las partículas de un cuerpo líquido o gaseoso se desplazan dependiendo de la cohesión entre ellas a través de las tres primeras dimensiones, y de forma constante a través de la cuarta.

A partir de este momento, debemos aceptar que el hecho de que todos los cuerpos que podemos percibir por nuestros sentidos se muevan en la misma dirección y a la misma velocidad por la dimensión temporal no significa que ésta sea la única dirección y/o velocidad a la que las partículas pueden desplazarse por dicha dimensión.
Si asimilamos ésto, llegamos a la conclusión de que existen al menos otros dos estados en los que podemos encontrar la materia: el estado base o Zona Cero y el estado acrónico.

El estado base o Zona Cero es anterior al estado sólido y, por tanto, a la propia existencia. Un cuerpo se encuentra en Zona Cero cuando sus partículas no se desplazan por ninguna de las cuatro dimensiones. Es, por tanto, un cuerpo instantáneo y, como tal, no existe. Por éso decimos que el estado base es anterior a la propia existencia.

Sin embargo, el estado acrónico se encuentra más allá del estado gaseoso, lo que significa que sus partículas se desplazan libremente a través de las cuatro dimensiones, en cualquier dirección y a cualquier velocidad. Ésto significa que entre las partículas no existe nada que las mantenga unidas, no tienen cohesión, y ésa es la razón por la que un cuerpo acrónico carece de densidad.
A pesar de no poder percibir a través de nuestros sentidos estos cuerpos acrónicos, somos conscientes de su existencia: las ideas, pensamientos, conceptos, sentimientos, etc. son cuerpos acrónicos, ya que existen a pesar de no poder ser percibidos.


Nota: No conocemos la forma de poder pasar del estado sólido a la Zona Cero ni del estado gaseoso al acrónico, aunque seamos conscientes de su existencia, ya que no se trataría de procedimientos físicos y, por tanto, la Ciencia aún no ha encontrado el mecanismo adecuado.



Avenida Temporal

Paradojas del Viajero

El Viajero a través del Tiempo (pues convendrá llamarle así al hablar de él) nos exponía una misteriosa cuestión. Sus ojos grises brillaban lanzando centellas, y su rostro, habitualmente pálido, se mostraba encendido y animado. El fuego ardía fulgurante y el suave resplandor de las lámparas incandescentes, en forma de lirios de plata, se prendía en las burbujas que destellaban y subían dentro de nuestras copas. Nuestros sillones, construidos según sus diseños, nos abrazaban y acariciaban en lugar de someterse a que nos sentásemos sobre ellos; y había allí esa sibarítica atmósfera de sobremesa, cuando los pensamientos vuelan gráciles, libres de las trabas de la exactitud. Y él nos la expuso de este modo, señalando los puntos con su afilado índice, mientras que nosotros, arrellanados perezosamente, admirábamos su seriedad al tratar de aquella nueva paradoja (eso la creíamos) y su fecundidad.
- Deben ustedes seguirme con atención. Tendré que discutir una o dos ideas que están casi universalmente admitidas. Por ejemplo, la geometría que les han enseñado en el colegio está basada en un concepto erróneo.
- ¿No es más bien excesivo para nosotros ese comienzo? - dijo Filby, un personaje polemista de pelo rojo.
- No pienso pedirles que acepten nada sin motivo razonable para ello. Pronto admitirán lo que necesito de ustedes. Saben, naturalmente, que una linea matemática de espesor nulo no tiene existencia real. ¿Les han enseñado esto? Tampoco la posee un plano matemático. Estas cosas son simples abstracciones.
- Eso está muy bien - dijo el Psicólogo.
- Ni poseyendo tan sólo longitud, anchura y espesor, un cubo puede tener existencia real.
- Eso lo impugno - dijo Filby -. Un cuerpo sólido puede, por supuesto, existir. Todas las cosas reales...
- Eso cree la mayoría de la gente. Pero espere un momento, ¿puede un cubo instantáneo existir?
- No le sigo - dijo Filby.
- ¿Un cubo que no exista durante algún tiempo puede tener una existencia real?
Filby se quedó pensativo.
- Evidentemente - prosiguió el Viajero a través del Tiempo - todo cuerpo real debe extenderse en cuatro direcciones: debe tener Longitud, Anchura, Espesor y... Duración. Pero debido a una flaqueza natural de la carne, que les explicaré dentro de un momento, tendemos a olvidar este hecho. Existen en realidad cuatro dimensiones, tres a las que llamamos los tres planos del Espacio, y una cuarta, el Tiempo. Hay, sin embargo, una tendencia a establecer una distinción imaginaria entre las tres primeras dimensiones y la última, lo que sucede porque nuestra conciencia se mueve por intermitencias en una dirección a lo largo de la última desde el comienzo hasta el fin de nuestras vidas.
- Eso - dijo un muchacho muy joven, haciendo esfuerzos espasmódicos para encender de nuevo su cigarro encima de la lámpara - eso... es, realmente, muy claro.
- Ahora bien, resulta notabilisimo que se olvide esto con tanta frecuencia - continuó el Viajero a través del Tiempo en un ligero acceso de jovialidad -. Esto es lo que significa, en realidad, la Cuarta Dimensión, aunque ciertas gentes que hablan de la Cuarta Dimensión no sepan lo que es. Es solamente otra manera de considerar el Tiempo. No hay diferencia entre el Tiempo y cualesquiera de las tres dimensiones salvo que nuestra conciencia se mueve a lo largo de ellas. Pero algunos necios han captado el lado malo de esa idea. ¿No han oído todos ustedes lo que han dicho esas gentes acerca de la Cuarta Dimensión?
- Yo no - dijo el Corregidor.
- Pues, sencillamente, esto. De ese Espacio, tal como nuestros matemáticos lo entienden, se dice que tiene tres dimensiones, que pueden llamarse Longitud, Anchura y Espesor, y que es siempre definible por referencia a tres planos, cada uno de ellos en ángulo recto con los otros. Algunas mentes filosóficas se han preguntado: ¿por qué tres dimensiones, precisamente?, ¿por qué no otra dirección en ángulos rectos con las otras tres? E incluso han intentado construir una geometría de Cuatro Dimensiones. El profesor Simon Newcomb expuso esto en la Sociedad Matemática de Nueva York hace un mes aproximadamente. Saben ustedes que, sobre una superficie plana que no tenga más que dos dimensiones, podemos representar la figura de un sólido de tres dimensiones, e igualmente creen que por medio de modelos de tres dimensiones representarían uno de cuatro, si pudiesen conocer la perspectiva de la cosa. ¿Comprenden?
- Así lo creo - murmuró el Corregidor; y frunciendo las cejas se sumió en un estado de introversión, moviendo sus labios como quien repite unas palabras místicas -. Sí, creo que ahora le comprendo - dijo después de un rato, animándose de un modo completamente pasajero.
- Bueno, no tengo por qué ocultarles que vengo trabajando desde hace tiempo acerca de esa geometría de las Cuatro Dimensiones. Algunos de mis resultados son curiosos. Por ejemplo, he aquí el retrato de un hombre a los ocho años, otro a los quince, otro a los diecisiete, otro a los veintitrés, y así sucesivamente. Todas éstas son sin duda secciones, por decirlo así, representaciones Tri-Dimensionales de su ser de Cuatro Dimensiones, que es una cosa fija e inalterable.
» Los hombres de Ciencia - prosiguió el Viajero a través del Tiempo, después de una pausa necesaria para la adecuada asimilación de lo anterior - saben muy bien que el Tiempo es únicamente una especie de Espacio. Aquí tienen un diagrama científico conocido, un indicador del tiempo. Esta línea que sigo con el dedo muestra el movimiento del barómetro. Ayer estaba así de alto, anoche descendió, esta mañana ha vuelto a subir y llegado suavemente hasta aquí. Con seguridad el mercurio no ha trazado esta linea en las dimensiones del Espacio generalmente admitidas. Indudablemente esa línea ha sido trazada, y por ello debemos inferir que lo ha sido a lo largo de la dimensión del Tiempo.
- Pero - dijo el Doctor, mirando fijamente arder el carbón en la chimenea -, si el Tiempo es tan sólo una cuarta dimensión del Espacio, ¿por qué se le ha considerado siempre como algo diferente? ¿Y por qué no podemos movernos aquí y allá en el Tiempo como nos movemos aquí y allá en las otras dimensiones del Espacio?
El Viajero a través del Tiempo sonrió.
- ¿Está usted seguro de que podemos movernos libremente en el Espacio? Podemos ir a la derecha y a la izquierda, hacia adelante y hacia atrás con bastante libertad, y los hombres siempre lo han hecho. Admito que nos movernos libremente en dos dimensiones. Pero ¿cómo hacia arriba y hacia abajo? La gravitación nos limita ahí.
- Eso no es del todo exacto - dijo el Doctor -. Ahí tiene usted los globos aerostáticos.
- Pero antes de los globos, excepto en los saltos espasmódicos y en las desigualdades de la superficie, el hombre no tenía libertad para el movimiento vertical.
- Aunque puede moverse un poco hacia arriba y hacia abajo con facilidad - dijo el Doctor.
- Con facilidad, con mayor facilidad hacia abajo que hacia arriba.
- Y usted no puede moverse de ninguna manera en el Tiempo, no puede huir del momento presente.
- Mi querido amigo, en eso es en lo que está usted pensado. Eso es justamente en lo que el mundo entero se equivoca. Estamos escapando siempre del momento presente. Nuestras existencias mentales, que son inmateriales y que carecen de dimensiones, pasan a lo largo de la dimensión del Tiempo con una velocidad uniforme, desde la cuna hasta la tumba. Lo mismo que viajaríamos hacia abajo si empezásemos nuestra existencia cincuenta millas por encima de la superficie terrestre.
- Pero la gran dificultad es ésta - interrumpió el Psicólogo -: puede usted moverse de aquí para allá en todas las direcciones del Espacio; pero no puede usted moverse de aquí para allá en el Tiempo.
- Ese es el origen de mi gran descubrimiento. Pero se equivoca usted al decir que no podemos movernos de aquí para allá en el Tiempo. Por ejemplo, si recuerdo muy vivamente un incidente, retrocedo al momento en que ocurrió: me convierto en un distraído, como usted dice. Salto hacia atrás durante un momento. Naturalmente, no tenemos medios de permanecer atrás durante un período cualquiera de Tiempo, como tampoco un salvaje o un animal pueden sostenerse en el aire seis pies por encima de la tierra. Pero el hombre civilizado está en mejores condiciones que el salvaje a ese respecto. Puede elevarse en un globo pese a la gravitación; y ¿por qué no ha de poder esperar que al final sea capaz de detener o de acelerar su impulso a lo largo de la dimensión del Tiempo, o incluso de dar la vuelta y de viajar en el otro sentido?
- ¡Oh!, eso... - comentó Filby - es...
- ¿Por qué no ... ? - dijo el Viajero a través del Tiempo.
- Eso va contra la razón - terminó Filby.
- ¿Qué razón? - dijo el Viajero a través del Tiempo.
- Puede usted por medio de la argumentación demostrar que lo negro es blanco - dijo Filby -, pero no me convencerá usted nunca.
- Es posible - replicó el Viajero a través del Tiempo -. Pero ahora empieza usted a percibir el objeto de mis investigaciones en la geometría de Cuatro Dimensiones. Hace mucho que tenía yo un vago vislumbre de una máquina...  

"La máquina del tiempo", Herbert George Wells

viernes, 22 de agosto de 2014

Igualdad

Es difícil hablar sobre algo concreto cuando no tienes una identidad concreta, ni tampoco un género, o ni siquiera perteneces a una raza concreta, ni especie, ni reino ni dominio. Pero podemos empezar hablando de Historia, la cuál es totalmente independiente de estos individualismos.

Hace muchos años, pero tampoco tantos, un grupo de mujeres se levantó contra las leyes de su época y entre todas consiguieron participar en las votaciones, algo que nunca hasta entonces habían podido hacer. Desde entonces, ese mismo grupo de mujeres - o quizá otro, lo que nos es indiferente - lucha por la igualdad entre ambos géneros, una lucha eterna que la sociedad sabotea siempre que puede.

El concepto de Igualdad es un concepto muy sencillo a simple vista, aunque visto nuestro día a día, a lo mejor no lo es tanto. Igualdad, para quien no lo sepa, es el principio que reconoce a todos los ciudadanos los mismos derechos, independientemente de su edad, género, raza, etnia, diferencias físicas o psíquicas, identidad sexual, gustos, preferencias, color de piel, ojos, cabello e, incluso, las modificaciones corporales que éstos quieran hacerse. ¿Por qué? Porque no dejan de ser individuos.
Si queréis, ahora podemos desempolvar nuestro cerebro, recurrir a la Filosofía clásica y sacar las enseñanzas que nos proporcionó Aristóteles del olvido, quien defendía lo siguiente:
"Los Seres Naturales - o individuos - estamos formados por sustancia - o alma - y accidentes - o cuerpo -". Lo que viene a significar que, por muchas modificaciones producidas en nuestro cuerpo, éste seguirá siendo simplemente el envoltorio, y que el alma - lo que nos hace ser individuos - no se modifica.
Llevando ésto a la práctica, sacamos la conclusión de que por muchas que sean las diferencias externas entre nosotros, todos somos iguales. Y si queremos llevarlo al extremo, cada ser vivo de este planeta, sistema, galaxia o universo, es un individuo al igual que nosotros, y por tanto también se le deben aplicar las leyes de la Igualdad.

¿Cuál es el problema? Que no queremos entenderlo, no queremos aceptar que ninguno de nosotros somos superiores a la persona, animal, vegetal, bacteria o célula que tenemos al lado.
Ésto pasa sobretodo con el Ser Humano, quien cree que por ser humano es superior a todo cuanto le rodea, y por tanto todo ésto le pertenece. Supongo que no hay animal que más se autoengañe que éste.

Dejando aparte esta polémica, podemos centrarnos en el comportamiento entre los seres de una misma especie, y ésta ha de ser el Ser Humano, porque ha sido la especie en la que más atentados contra el principio de Igualdad se han producido.
Para poder mantener la especie, el Ser Humano se compone de dos géneros diferentes, diferenciación que únicamente tiene como fin la procreación. El género masculino es más fuerte físicamente, y éso le hizo creer que había sido creado para ser superior e incluso dominar al género femenino: así podemos decir que surgió el machismo. A lo largo de miles de años, el género femenino - a cuyos individuos vamos a denominar "mujeres" por comodidad - acabó resignándose a esta norma impuesta, pero nunca debatida. Ésta es la razón de que un día, sin previo aviso para ellos, la mujer se rebelase ante su dominador, y decidiese que sus derechos eran los mismos que los del género masculino - a cuyos individuos, por comodidad también, denominaremos "hombres" -, porque ellas no dejaban de ser individuos por pertenecer a otro género. Durante años se ha luchado por conseguir la igualdad entre ambos sexos, pero como el Ser Humano es egoísta y autodestructivo por naturaleza, se ha conseguido todo lo contrario a la Igualdad: no sólo sigue existiendo el machismo, sino que se ha descubierto otra ideología igual de injusta e ilógica que ésta, el hembrismo.

Ésto mismo lo podemos aplicar a cualquier tipo de discriminación dentro de esta especie, llegando al concepto de discriminación positiva, igual de agresiva que la discriminación de la que siempre hemos oído hablar.

Así, y para terminar, podría pediros que tuvierais cuidado de no alcanzar dicha discriminación positiva en vuestra búsqueda de la Igualdad, pero supongo que éso significaría ir en contra de la naturaleza humana.

O tal vez no.

jueves, 14 de agosto de 2014

Barcelona

Es difícil explicar lo que significa para mí esta palabra, las connotaciones que puede llevar un simple nombre, cuatro sílabas, nueve letras... Una ciudad.

Para mí, Barcelona quiere decir Marina, pero también Gaudí, arte e incluso vida. Quizá no podáis entenderlo, pero esta ciudad ha cambiado mi forma de percibir el mundo. No quiero decir que quiera vivir en ella, porque aborrezco las ciudades grandes, el humo, la contaminación y ese maldito invento endemoniado llamado "Metro".
Pero, contra todo pronóstico, me enamoré de ella.

Barcelona es un concepto, la existencia en sí misma. Puedes intentar perderte por ella para encontrar el cementerio de Sarriá, o buscar en cada rincón a algún artista callejero del que ojalá pudiera disfrutar cualquier gran compañía.

Barcelona es el arte en sí misma, un lugar donde encontrar esa inspiración perdida, o bucear entre la magia que desprende.

Barcelona es esa ciudad que todos necesitamos conocer para sentirnos completos, esa pequeña parte del mundo en la que, por un instante, todo parece posible.




jueves, 7 de agosto de 2014

Aún hoy, hay algunas cosas que me hacen recordar la gran ciudad.
A veces, lo que me atrae hacia su recuerdo es el sonido de la gente cuando es gente, y no personas. Otras veces es el olor de los coches, o del bullicio.
Pero... de vez en cuando, cuando la estoy olvidando, escuchar un comentario en alguna conversación o en ese aparato al que vulgar - y acertadamente - llamamos "la caja tonta", me hace recordar un absurdo chiste de mi familia, y entonces vuelve el anhelo.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Odio el Rosa

Lo han vuelto a hacer. Han vuelto a crear algo que va mucho más allá de lo que se suele esperar, más allá de lo que la mayor parte de la gente es capaz de imaginar. Menos ellos, claro. Ana Alonso y Javier Pelegrín han puesto otro gran tramo de escalones en la ya altísima escalera que conduce a su altar. Sí, un altar al que ascendieron al escribir su obra maestra (La Llave del Tiempo), pero que mantienen, cada vez más alto, gracias a sus crecientes éxitos. Y sólo hablo de los publicados en el género de "Literatura juvenil", pero seguramente con su "Literatura infantil" pase tres cuartos de lo mismo.
¿Que de qué os estoy hablando? Muy bien, contestaré. Tenemos ante nosotros una obra completamente fuera de lo común titulada Odio el Rosa. El nombre quizá pueda llevar a pensar que se trata una obra superflua sobre, no sé, una chica a la que no le gusta ese color. Pero no hay nada más lejos de la realidad.
El rosa no es sólo un color, es un símbolo. Aún hoy, en nuestros días, el rosa es el color que se adjudica a la mujer, un convencionalismo y, quien quiera mirar un poco más allá, una muestra del control que tiene la sociedad sobre sus individuos.
De éso han venido a hablarnos esta vez. Bueno, de éso y de la globalización, claro.


Esta vez, han decidido escribir la historia de dos personajes completamente diferentes (o a lo mejor no tanto): Sara, la nueva imagen de una de las marcas más importantes del mercado llamada Sweet Pink, y Dani, un exitoso futbolista de la marca Kine.
Ambas historias suceden de forma simultánea, lo que hace que este nuevo proyecto vaya a tener la forma de una doble trilogía. No es imprescindible leer las dos, pero si se desea disfrutar de toda la experiencia, es preferible complementar la lectura de una de las historias leyendo la otra.

   

El mundo en el que transcurren ambas historias es el máximo ejemplo de la globalización: una sociedad jerarquizada según las marcas que se pueden consumir, un mundo dirigido por grandes empresas que incluso han asumido la tarea de educar a los niños, una educación cuyo único propósito es crear consumidores ideales. En éso consiste la vida en el año 2055: en estudiar para conseguir que una marca líder te seleccione como consumidor (ya no son las personas las que eligen las marcas que consumen, sino las marcas quienes eligen a sus consumidores), y así poder mantener un nivel de vida que no tendrías si tuvieses que trabajar para una marca inferior.


Pero la historia no acaba en los libros, sino que todo este asunto va más allá. No sólo han cambiado el formato de edición por un diseño y un conjunto de ilustraciones de singular belleza, sino que se han aventurado a hacerse un hueco en la enmarañada red que constituye Internet y poblarla con su imaginación: es lo que se conoce como una aventura transmedia. A este rincón podremos acceder gracias a unas "pistas" que encontramos al final de los libros: una carta manuscrita en el caso de Sara, y cuatro cartas de rol en el caso de Dani.


Bueno, chicos. El futuro ya ha comenzado, ¿queréis conocerlo?

domingo, 3 de agosto de 2014

El nombre del viento

«Viajé, amé, perdí, confié y me traicionaron».

En una posada en tierra de nadie, un hombre se dispone a relatar, por primera vez, la auténtica historia de su vida. Una historia que únicamente él conoce y que ha quedado diluida tras los rumores, las conjeturas y los cuentos de taberna que le han convertido en un personaje legendario a quien todos daban ya por muerto: Kvothe... músico, mendigo, ladrón, estudiante, mago, héroe y asesino.

Ahora va a revelar la verdad sobre sí mismo. Y para ello debe empezar por el principio: su infancia en una troupe de artistas itinerantes, los años malviviendo como un ladronzuelo en las calles de una gran ciudad y su llegada a una universidad donde esperaba encontrar todas las respuestas que había estado buscando.



     Me llamo Kvothe, que se pronuncia «cuouz». Los nombres son importantes porque dicen mucho sobre la persona. He tenido muchos más nombres de los que nadie merece.
     Los Adem me llaman Maedre. Que, según cómo se pronuncie, puede significar la Llama, el Trueno o el Árbol Partido.
     La Llama es obvio para todo el que me haya visto. Tengo el pelo de color rojo intenso. Si hubiera nacido hace un par de siglos, seguramente me habrían quemado por demonio. Lo llevo corto, pero aún así me cuesta dominarlo. Si lo dejo a su antojo, se me pone de punta y parece que me hayan prendido fuego.
     El Trueno lo atribuyo a mi potente voz de barítono y a la instrucción teatral que recibí a temprana edad.
     El Árbol Partido nunca lo he considerado muy importante. Aunque, pensándolo bien, supongo que podríamos considerarlo al menos parcialmente profético.
     Mi primer mentor me llamaba E'lir porque yo era listo y lo sabía. Mi primera amante me llamaba Dulator porque le gustaba cómo sonaba. También me han llamado Shadicar, Dedo de Luz y Seis Cuerdas. Me han llamado Kvothe el Sin Sangre, Kvothe el Arcano y Kvothe el Asesino de Reyes. Todos esos nombres me los he ganado. Los he comprado y he pagado por ellos.
     Pero crecí siendo Kvothe. Una vez mi padre me dijo que significaba «saber».
     Me han llamado de muchas otras maneras, por supuesto. La mayoría eran nombres burdos, aunque muy pocos eran inmerecidos.
     He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y escrito canciones que hacen llorar a los bardos.
     Quizá hayas oído hablar de mí.

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Es dificil describir este libro con palabras. Cualquier persona aficionada a leer diría que es algo completamente fuera de lo común, y que, a pesar de su densidad, se lee rápido. Pero, en mi opinión, es una maldita obra maestra. Patrick Rothfuss tiene un estilo magistral, sabe manejar las palabras para provocar en el lector los sentimientos que él quiere, sabe colocar los párrafos de manera que la lectura enganche y seas incapaz de parar, sabe intercalar las diferentes personas narrativas para conferir al relato ese toque de realidad que todas las buenas historias necesitan. En definitiva, sabe escribir (y eso no es algo de lo que puedan presumir muchos de los que ahora publican en las grandes -y pequeñas- editoriales).

Leed.