domingo, 26 de abril de 2015

26 de Abril de 1937

Era lunes. Como cualquier otro día del año, el sol se abría un hueco en el cielo y daba comienzo al nuevo día. A pesar de la guerra en la que estaba sumido el país en aquella época, la ciudad se despertó tranquila, acogiendo ese lunes como cualquier otro. No había nada que pudiera hacerles pensar que ese día sería diferente de los tantos otros que cargaban a su espalda.
Pero a medida que pasaban las horas, los aviones sobrevolaban la ciudad con más frecuencia. Y aun con los tiempos que corrían, resultaba aterrador. Horas más tarde cayeron las primeras bombas, el terror asolaba las calles, el miedo recorría la ciudad llamando a cada puerta, y la tristeza trepó por los cimientos.
Poco después ya no quedaba nada, sólo ruinas de lo que una vez había sido, y una tristeza desoladora. La calles lloraban, los adoquines notaban el sabor de la ceniza que se acumulaba sobre ellos, y un periódico viejo decidió que era mejor arder a contar la historia de lo que allí había sucedido.
Era lunes, y en Guernica nadie se imaginó que algo así podía llegar a sucederles. Y como en Guernica, en cualquier otra ciudad del mundo.

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